UN SÁBADO CUALQUIERA EN CÓRDOBA

UN SÁBADO CUALQUIERA EN CÓRDOBA
UNA DE BUENOS AMIGOS

domingo, 10 de junio de 2018

El creciente impulso del feminismo

Este movimiento, estaréis de acuerdo conmigo, se ha puesto de moda en los últimos tiempos. Más que un movimiento, a mi personalmente me gusta referirme al feminismo como una teoría, una manera de pensar y actuar que nos define. Pero, ¿Qué es realmente? Es una forma de vida; es la búsqueda activa de la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres; es condenar la discriminación por razón de género; es el fomento del respeto, de la corresponsabilidad.
Esta definición me la podéis atribuir en calidad de autor, es original y espontánea de principio a fin. Me limité a plasmar en el papel mis pensamientos, conforme iban apareciendo, simple y llamamente. Espero que cumpla con vuestras expectativas. "Vale Álvaro, puesto así como tú lo pintas, ¿solo puede ser positivo y beneficioso?" Absolutamente. No se me ocurre ni una sola característica de tintes negativos que pueda, de alguna manera, quedar vinculada al feminismo.
Visto de esta forma parece hasta sencillo. Es más, quien no se considere feminista, desde este preciso instante, ha de quedar catalogado de machista. Sin derecho a tambor ni a un juicio justo; por no promover la no discriminación. Ojalá fuera así de fácil...
Resulta que hace unos días estuve dando una charla al APA y parte del profesorado de un colegio. La temática, por supuesto, incluyó la violencia de género, su problemática en edades adolescentes y las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Siempre me gusta, al inicio de mis conferencias, romper el hielo con algunas preguntas y una breve proyección de vídeo. Ese día elegí, como casi siempre, empezar con: ¿Cuántos/as de vosotros/as os consideráis feministas? Así, en frío.  Les pedí que levantaran las manos en señal de afirmación. De unas 40 personas con las que contaba entre el público asistente, solo 3 ó 4 alzaron uno de sus miembros superiores. Entre esta minoría, estaba mi mujer. Decidí levantar yo también la mía, a ver si así la influencia del "especialista" inclinaba la balanza del lado de la igualdad. Cuál fue mi sorpresa cuando solo 2 ó 3 más se animaron a seguirme. Y, todo sea dicho, solo mujeres.
La siguiente pregunta que planteé no podía ser otra que: ¿Alguien de los aquí presentes se atreve a definir el término feminismo? Un señor de unos cuarenta años, muy decidido él, llamó mi atención y sin dudarlo ni un momento le di la palabra. A grandes rasgos vino a decir algo así como: "Sí, el feminismo es parecido a lo que vemos estos días en televisión. Mujeres radicales que reclaman poder a golpe de insulto, griterio y quejas varias. Desde lo de la Manada se ha agravado". Varios y varias en la sala emitieron sonidos de conformidad, de aceptación. Ahora sí estaba en mi salsa.
Tenía un buen toro de lidia por delante, eso sí es cierto. Sin embargo, todavía no he tenido el placer de conocer personalmente al miedo. No es algo que me preocupe, ni mucho menos. Retomé las riendas del coloquio, expliqué conceptos con una buena dosis de cariño y respeto (solo así calan las enseñanzas). A pesar de la esperada polémica y algún que otro debate esperado, tuve éxito. Conseguí convencerlos de que la igualdad era de justicia; de que el feminismo era algo positivo, necesario. Esa visión planteada en los primeros compases no podía atender a otra razón que no fuera un intento del patriarcado de mantener sus privilegios. Una defensa a lo "gato panza arriba". La tarde fue muy agradable y amena, con el público muy participativo en todo momento. Un deleite.
Aun así, de camino a casa reflexioné sobre lo ocurrido. Los que me conocéis sabéis que en mis argumentos nuncan faltan ciertos elementos, a mi juicio, esenciales en el debate feminista. El primer argumento que suelo esgrimir es la necesaria implicación del varón en esta contienda. Una participación de respaldo, de apoyo, pues es la mujer la que reclama el protagonismo y por tanto, debe llevar la voz cantante. Si queremos convencer a la otra mitad de la humanidad (al caso, la mía) de que la igualdad en todos los frentes es de justicia, tenemos que implicarlos. No solo eso, hemos de convencerlos. No nos queda otra opción.
El segundo argumento es de sentido común y conocimiento universal: si queremos algo lo pedimos por favor, recurrimos al diálogo desde la cordura. Lo hacemos una vez, lo hacemos dos veces y si a la tercera no se nos escucha nos "echamos a la calle". Por supuesto, de forma pacífica. El 8M supuso un giro de 180º en nuestra causa. Ya lo decía al principio: el feminismo se ha puesto de moda.

jueves, 17 de mayo de 2018

La denuncia en violencia de género

Desde la habitación de un hospital en mi Málaga del alma, con tiempo de sobra para elucubrar y hasta soñar, vuelvo a este lugar, mi rincón literario, mi hogar. Tuve que pedir a mi madre que se desplazara a una papelería cercana para comprar una libreta y un bolígrafo. ¡Lo sé! Vivimos en la era post-tecnológica. De hecho, os confesaré que ostento un nivel avanzado de mecanografía (con esfuerzo y constancia todo llega). A pesar de ello, no podréis negarme que no hay nada como el papel y la tinta, es una sensación que supera con creces al sonido de las teclas de un teclado, cuando tus dedos impactan contra ellas. Nada que ver.

Antes de empezar debo comunicaros que saldré "vivito y coleando" de este sobrevenido ingreso hospitalario. No le dediquéis ni un segundo de vuestro tiempo a preocuparos por mi salud, estoy fuerte como un roble. En un par de días, entero, de una pieza y más fresco que una lechuga volveré a dar guerra. Una dichosa amigdalitis (las clásicas anginas de toda la vida, vaya) derivó en una complicación inesperada, que acabó inflamando en exceso mi garganta y me trajo hasta aquí. Como os digo, si Dios quiere el jueves estaré en casa rodeado de los míos.

Ahora sí. Hecha la correspondiente introducción, es momento de entrar de lleno en faena con un tema que está de indiscutible actualidad: la violencia por razón de género. Llevamos varios días recibiendo información estadística sobre el pasado ejercicio (incluso acumulados que hacen comparaciones entre varios años). Un baile de cifras en el que, por regla general, entran en juego las siguientes variables: número de denuncias frente a número de órdenes de protección dictadas (en fase de instrucción como medidas cautelares), así como este último dato o valor frente al número de sentencias condenatorias. Soy conocedor de que existen otros muchos mensurables que acompañan a los tres recién introducidos, sin embargo, por economía literaria me centraré en el análisis de estos.
En este sentido, mi pretensión con esta entrada es invitar al lector/a a la reflexión, con fortuna hasta al debate. Para ello intentaré abarcar los factores de mayor interés que condujeron a la consecución de los resultados que analizaré, y no a otros distintos.

Comenzamos. En lo que respecta al número de denuncias la tónica generalizada es incremental. Se está registrando un aumento en el número de atestados instruidos por las FFCCS (como documento de inicio del procedimiento penal más habitual y que, además, me afecta de lleno), ascenso que podría ser explicado en base a varios motivos.

En primer lugar, destaca sobre los demás la incipiente exposición y visibilización de la violencia machista. Hay más conciencia social, eso es innegable, aparte de un mayor apoyo externo e institucional. Esto genera en la víctima una sensación de seguridad, son cada vez más las mujeres que deciden enfrentarse de cara a su maltratador.

En segundo lugar, motivo que entronca de manera directa con el anterior, aparece la creciente confianza en los Cuerpos policiales. La especialización es una realidad; la mayor cercanía a la población, un hecho tangible y consolidado. Campañas de prevención, charlas en diversos foros, participación en jornadas... La Policía se ha hecho visible, está ahí cuando se la necesita. Os invito a explorar el Twitter de la Policía Nacional para que comprobéis la veracidad de mis afirmaciones. A día de la fecha, están acariciando la cifra de 3.200.000 seguidores, a la cabeza de todas las Policías del mundo. Es un orgullo representar "el azul", una auténtica maravilla.

En tercer y último lugar, no por ello menos importante que los anteriores, debo destacar el positivo efecto del feminismo. Hablo del movimiento que lleva como bandera la mesura, la razón y el diálogo, por supuesto. La búsqueda de la igualdad real de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, sin lugar a dudas, va por buen camino. Siempre lo digo y no me cansaré de repetirlo: hay que implicar al hombre en esta lucha; para lograr el éxito es fundamental su participación activa y en papeles protagonistas.

Con esto he querido decir que la subida no se debe a un incremento en la violencia machista, no señora. Este ascenso en las denuncias, bajo mi humilde opinión, responde al proceso de visibilización del maltrato. Aún así, todavía me atrevo a afirmar que estamos viendo solo la punta del iceberg. Seguimos.

Analizada la cifra de denuncias, pasaré sin más preámbulos a los datos referidos a las órdenes de protección y las condenas. Con las oportunas correlaciones, claro está. Para el análisis propongo partir del siguiente interrogante: ¿cómo es posible que de un total de 166.620 denuncias solo se obtengan 38.501 órdenes de protección? En una palabra: 416.

Obviamente existen otras causas que explican esta desproporción, no obstante, la dispensa se lleva la palma. El artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal recoge la dispensa de la obligación de declarar, en virtud del principio de solidaridad. Incluye una lista de relaciones o vínculos entre víctima y victimario en las que es de aplicación su contenido. A nosotros nos interesa el plano afectivo, la unión de tipo sentimental. Pero, ¿la relación ha de estar vigente para que sea de aplicación? Así es, concretamente a la fecha en que se produce el hecho violento a denunciar. Dichosa solidaridad. No me malinterpretéis por ser tan espontáneo, hay que ser solidario y caritativo, absolutamente. Sin embargo, cuando se trata de vencer a este gigante no debemos mostrar fisuras ni debilidad alguna. Esta, indiscutiblemente, es un auténtico talón de aquiles.

Hasta el momento todo pinta muy negro, al menos en lo que respecta al abultado desequilibrio entre número de denuncias y total de órdenes de protección concedidas. No es mi intención que así sea. Me considero alguien que afronta la vida con actitud harto positiva, por lo que intentaré sacar algo beneficioso al respecto de lo comentado hasta ahora. Eso sí, con cifras objetivas e irrefutables, para que la credibilidad sea irrebatible. Resulta que, si comparamos 2017 con 2016, percibimos un aumento de 3'4 puntos en las adopción de órdenes de protección. Sin duda, un dato halagüeño.

Decía que la dichosa dispensa nos está trayendo de cabeza. ¿Soluciones posibles? Recordad, siempre positivos/as. Visto lo visto, y es que del contenido del Pacto de Estado se infiere que no hay intención de eliminarla en un futuro próximo, tendremos que usar la imaginación y buscar vías auxiliares que nos permitan combatirla. Desde mi posición de Policía, especialista en familia y mujer, debo deciros que mi objetivo último será la interposición de denuncia, el enfrentamiento directo. No obstante, debemos mostrar cautela a la hora de optar por esta vía. Pregunto: ¿qué se requiere para tomar esta salida? Si os digo valentía, a pesar de sonar fabulosamente, os estaría engañando. Es, por desgracia, mucho más complejo que eso. Se necesita información, para empezar. Hay que decirle a la mujer lo que supone presentar una denuncia, narrar su dolor a la Policía. ¿Declaro y luego todo se acaba? Ojalá fuera así, pero estamos solo ante el inicio de un largo proceso, durante el que tendrán que contar su sufrimiento en varias ocasiones, a distintas personas a las que no conocen de nada.

Para ello, se necesitará de una buena dosis de empoderamiento. Este vocablo creado por el feminismo tiene un significado rico en matices. Empoderar es adquirir poder. Empoderar es independizar, salir de una situación desfavorable reforzada. Empoderar es recuperar la autoestima. Para enfrentarse al proceso penal, con sus retrasos y demás fallos, hay que tener seguridad en una misma. La mujer debe estar preparada para cualquier cosa, debe estar convencida de que se hará justicia y de que su ejemplo, no me cabe duda, servirá de referente a muchas otras en su misma situación. Por tanto, solo si la mujer se siente fuerte y preparada será recomendable acogerse a esta vía.

También, como no, se necesita apoyo externo. Aquí conviene que introduzca un nuevo dato que, si os soy sincero, me ha sorprendido ingratamente. De las denuncias registradas tan solo el 2% fueron presentadas por familiares de las víctimas. Quien dice familiares dice amigos/as, vecinos/as, compañeros/as de trabajo. Os recuerdo, para que así cale, el mensaje de la campaña de prevención del Gobierno de este año: "Tus amigos y vecinos sienten no haber hecho nada". Repito, conocedor de la fragilidad de la memoria humana: "tus amigos y vecinos sienten no haber hecho nada". Ya puestos hago una pequeña crítica: podrían haber hecho uso del lenguaje inclusivo en su elaboración. Anotado y para la próxima.

Erre que erre. Hay que ser cansino para crear conciencia, ¿no creéis? Vuelvo a leer el mensaje de la campaña y, dicho así, a secas, parece no tener el mismo impacto que en la fotografía. Paso a describirla para los/as más despistados/as. En ella se ve la puerta principal de una vivienda, de cuyo pomo cuelga un centro de flores con una banda cruzada. El mensaje se encuentra escrito en la banda, perfectamente visible. Ahora sí, ahora ya me quedo tranquilo. Solo quería que apreciarais el alcance de este apoyo, tal vez se podrían evitar muchos de los asesinatos. En esta línea, aprovechando que el caso todavía está en el candelero, pondré de ejemplo lo ocurrido en el campo de tiro de Las Gavias, en Granada. Allí murió una pareja joven a consecuencia de varios disparos. Él se suicidó, no sin antes acabar con la vida de ella. Esta afirmación la baso en los informes revelados en los últimos días. Resulta que al respecto dicen las amigas de la víctima que "sabían que era una relación tóxica y que estaba sufriendo maltrato psicológico". Voy, si me lo permitís, más allá. La chica había pedido auxilio a través de varios audios, en los que también revelaba que su pareja tenía problemas mentales. ¿Qué hicieron para ayudarla? Nada. Por favor, que no os pase a vosotras lo mismo con un ser querido.

Y así nos acercamos al final de esta entrada, con el análisis de las condenas. Mira que me propuse ser breve al comienzo, ni con esas. Intentaré no explayarme en exceso, pues estoy seguro que mucho de lo que os pueda aportar ya lo conocéis. La violencia de género es un tipo de delito que, por su forma de acontecer, dificulta en gran medida la investigación policial. La razón es obvia: como norma general, ocurre en el ámbito íntimo, en la privacidad del domicilio, fuera de la mirada de terceras personas. Además, por si fuera poco, contamos con otro hándicap que obstaculizará su averiguación. Resulta que el maltratador no desea ser descubierto, es decir, en su proceder tomará las precauciones necesarias para que su actuación trascienda lo mínimo al exterior. Nunca olvidaré como Marina Marroquí, durante un curso de especialización al que asistí en Madrid, nos decía: "la violencia física es un fallo del maltratador. No está dentro de su hoja de ruta, pues una agresión deja marcas y podría exponerlo." ¡Cuánta verdad hallo en tus palabras, Marina! Gracias de corazón.

Todo esto que os cuento supondrá un obstáculo, casi nunca insalvable, a la hora de recopilar indicios que refuercen las manifestaciones de la víctima. No está demás recordar que, para enervar la presunción de inocencia es necesario un plus, una carga probatoria suficiente. A esto habría que unir, de nuevo, la posibilidad de que la mujer se acoja a la maldita (con perdón) dispensa. Como os lo cuento, ella se puede arrepentir en cualquier momento, mientras su proceso penal siga vivo. ¿Y qué pasa con lo declarado hasta la fecha?, ¿no sirve? Desgraciadamente no. Ese era otro caballo de batalla importante que, a día de la fecha, todavía no ha alcanzado su objetivo: permitir traer a la vista oral manifestaciones previas de la víctima. Por ejemplo, aquellas vertidas durante la fase de instrucción del procedimiento. Seguiremos reclamando más recursos y mayores facilidades; si algo nos caracteriza es la persistencia.

Bueno, ¿entonces qué se puede hacer para llegar al final de proceso penal con éxito? Se puede hacer mucho. Nosotros/as (mi equipo de trabajo) analizamos hasta el más mínimo detalle, en busca de elementos que desequilibren la balanza a favor de nuestra superviviente. Elaboramos informes vecinales: para ello nos entrevistamos con los vecinos/as de los implicados, les ofrecemos la posibilidad de acogerse a la figura del testigo protegido. Aquí apelamos a la humanidad, a la solidaridad. Si vemos que lo que pueden contar es relevante, les decimos que su testimonio es fundamental para salvar a su vecina; que su bienestar está en sus manos. También recabamos informes de los Servicios Sociales e historiales médicos completos, en busca de alguna agresión registrada en el pasado. Derivamos los menores a las Unidades de Valoración, para ser explorados por especialistas y conseguir extraer un relato consistente. Asimismo inspeccionamos el lugar de los hechos, buscamos desórdenes poco habituales, enseres rotos. De todo lo que pudiera ser interesante policialmente, tomamos fotografías. Estas son algunas de las herramientas a nuestro alcance, siempre listas para ser usadas en ayuda de la mujer.

En definitiva, hay salida. Se puede derrotar al machismo; se puede vencer a la maldita (no puedo evitarlo...) dispensa. Desde aquí también hago examen de conciencia y recojo parte de la culpa. Todavía nos queda mucho por cambiar, numerosos caminos por explorar. Estamos, sin duda, inmersos en un ciclo de mejora continua. Os dejo una propuesta para la reflexión: la coordinacion entre todos los organismos implicados en esta lucha es clave. ¿Es una utopía soñar con conseguir, en cada ciudad de España, un sistema de atención a víctimas tipo "ventanilla única"? Es decir, que la mujer acuda a una Comisaría y reciba una atención integral. Abogada especializada, psicóloga para situaciones de crisis, Policía investigador y protector... Para mí, sería lo más parecido al paraíso.

Sin más me despido. Hasta la próxima, bloggers. Y recordar: el feminismo es la búsqueda de la igualdad de oportunidades y derechos entre hombre y mujeres. Punto y final.

P.D.: publico esto desde el salón de mi casa, por lo que mi predicción de alta hospitalaria se cumplió. 

viernes, 23 de febrero de 2018

La delincuencia juvenil: ¿Un problema social de primer orden?

En las últimas semanas los medios de comunicación se han hecho eco de un par de casos de una gravedad considerable, en los que los protagonistas han sido menores de edad.
Conviene, en estos primeros compases, que fijemos un concepto válido de menor de edad - capaz de abarcar las perspectivas social y jurídica. Por menor de edad el ciudadano "de a pie" entiende aquel que todavía no ha cumplido los 18 años. Sin embargo, desde el punto de vista jurídico se hace necesario introducir unos pequeños matices: la conocida como "Ley del Menor" (L.O. 5/2000) contempla la responsabilidad penal, sujeta a sus estipulaciones, de los menores de entre 14 y 18 años. En el supuesto de menores-infractores de menos 14 años, solo procederá una actuación protectora y en ningún caso penal.
Las medidas que la referida "Ley del Menor" contempla,  de aplicación a menores-infractores en la descrita franja de edad - los delitos en los que pueden incurrir coinciden con aquellos previstos para los adultos y recogidos, en su mayoría, en el Código Penal -; según la propia definición del legislador en la exposición de motivos, son penales desde el punto de vista formal y "sancionadoras-educativas" desde el material. ¿Esto qué quiere decir en realidad? Básicamente que, si bien los "castigos" previstos pordrían afectar a derechos fundamentales - e.g. la libertad de movimientos, en el supuesto de internamientos en régimen cerrado -, su finalidad principal es la reeducación del menor. No podemos perder de vista que estamos ante infractores en etapas de desarrollo madurativo, lo que desde un enfoque criminológico nos abrirá la puerta a una mayor probabilidad de rehabilitación, de reinserción. Es decir, estamos a tiempo de reconducirlos.
Sin ánimo de elaborar un análisis detallado, una vez en situación, entraré de lleno en lo que os he venido a contar. Soy perfectamente conocedor de que se trata de una materia controvertida y mi objetivo principal con esta entrada es remover consciencias y generar debate. Espero conseguirlo.
Bien, decía al principio que hemos sabido por los "Mass Media" de dos casos de gran repercursión en las últimas semanas. El primero ocurría en Jaén, donde PRESUNTAMENTE - las mayúsculas las introduzco "a posta" y no por error - cuatro alumnos, de edades comprendidas entre los 12 y los 14 años, violaban a otro de tan solo 9 años de edad. La presunción de inocencia es un principio de primer nivel en Derecho, según el cual estos niños no podrán ser considerados culpables de los hechos que se les atribuyen hasta que recaiga sentencia - es decir, inocentes a no ser que se demuestre lo contrario. 
Se trata de un hecho atroz, deplorable, que nos invita a poner en tela de juicio el mecanismo de la socialización en su conjunto. ¿Estamos haciendo las cosas bien? Se hace necesario puntualizar que esta conducta tiene lugar en el Centro Educativo, a lo que habría que sumar el hecho de que la víctima - también PRESUNTAMENTE, por cierto - viniera sufriendo un acoso de largo recorrido, crónico, a manos de sus verdugos. ¿Cómo es posible que no se detectara por sus tutores/profesores? ¿Se podría haber parado antes del trágico desenlace? Siempre hay que analizar los casos individualizadamente, al objeto de implementar medidas de mejora y evitar situaciones futuras análogas.
Por otro lado, el segundo de los casos salía a la palestra a los pocos días, esta vez en la ciudad de Málaga. Dos niños de 11 años habrían, supuestamente, perpetrado una violación sobre una compañera de 14 años. La víctima tiene una discapacidad intelectual del 41%.
Volviendo a la edad de los PRESUNTOS - como podéis comprobar soy persistente - autores, surge de nuevo el debate: ¿Se debería bajar la edad mínima de responsabilidad de los menores? Si la respuesta es afirmativa, ¿la bajamos a 12 años? En Reino Unido está fijada en 10 años, por poner un ejemplo cercano.
Se trata de dos casos que salen a la luz en la misma semana, circunstancia ésta que tiene un efecto muy negativo en la sociedad. Esta inquietud de la que hablo se conoce en el ámbito de la Política-criminal como alarma social, siendo un medidor normalizado del grado de enfado e inconformismo del ciudadano con la legislación vigente. ¿Qué efecto causa en el Gobierno de turno? Preocupación, desasosiego; estados de ánimo que pueden conducir a la toma de decisiones precipitadas (e.g. un cambio legislativo).
Pero, - aquí llega la pregunta del millón -, esta alarma social de la que hablo, ¿solo se debe a la gravedad de los hechos en cuestión y la temprana edad de sus PRESUNTOS responsables? La respuesta, desde mi humilde opinión, es taxativa: no. Gran parte de la culpa recae sobre los medios de comunicación que, lejos de cumplir la función que de ellos se espera - informar -, se dedican a tergiversar lo ocurrido y a exagerar en términos de incidencia. Es decir, convierten lo que a priori son dos casos poco frecuentes que, a pesar de ser muy próximos en el tiempo - por azar del destino o, quién sabe, un efecto llamada -, en ningún caso revisten la gravedad que les quieren inyectar - en términos de prevalencia, lógicamente. Nos hacen creer que este tipo de sucesos se han tornado crónicos, nada más lejos de la realidad.
Como respaldo para esta recién lanzada "acusación" - en el buen sentido de la palabra, por supuesto -, aportaré algunos datos estadísticos actuales del fenómeno de la delincuencia juvenil: Podemos afirmar, sin ánimo de ser exhaustivos, que la delincuencia en menores supone aproximadamente un 15% de la delincuencia total registrada. Resalto el participio: registrada. Hablo de estadísticas oficiales, cuya lectura e interpretación ha de ser restringida (recordemos que solo recogen las conductas denunciadas, aquellas que entran en contacto con las instituciones oficiales). No obstante, a los efectos de este análisis, las tomaremos como válidas y representativas.
Asimismo, hecho el apunte estadístico general, conviene puntualizar que no se han experimentado incrementos descontrolados en la tasa de criminalidad juvenil en los últimos 10 años. Sin embargo, sí es cierto que se ha registrado un aumento en los delitos violentos, entre los que destacan los homicidios y las violaciones, así como en aquellos de carácter tecnológico. ¿Es preocupante en cifras? A mi juicio, tanto como para propiciar un giro en la legislación de 180º, no.
Ya a finales del siglo XIX, concretamente en el 1893 y en su obra "La división del trabajo social", decía Durkheim que las sociedades modernas habían perdido los valores tradicionales. Esta pérdida de referencias morales y normativas la bautizó como anomia.
Según el autor, la sociedad de aquel entonces proponía dos estandartes con los que identificarse: el logro del éxito y la competitividad. El problema surge cuando a todos se les exige la consecución de las mismas metas, sin tener en cuenta la disparidad de medios a su alcance. Aquí surgen las desigualdades, la frustración y, como resultado, el crimen. Si no soy capaz de lograr el éxito haciendo uso de los medios lícitos a mi disposición, acudiré a las vías delincuenciales.
Estamos en el siglo XXI, sin embargo, ¿no creéis que las propuestas de Durkeim todavía pudieran tener sentido? Yo personalmente sí lo creo. Fin del inciso.
Por mucho que los medios de comunicación se empeñen en generar una suerte de esquizofrenia social, y cuestionar constantemente nuestra "Ley del Menor", debemos mostrarnos objetivos y basarnos en datos estadísticos. Hablaba al principio de la presunción de inocencia pero, ¿qué hacemos con la condena social? Resulta que desde el primer momento los medios se encargan de "etiquetar" a ls presuntos autores. Luego, en algunos supuestos - no entraré en números, no viene al caso -, se dictan sentencias absolutorias de las que la prensa no se suele hacer eco. Esas personas ya serían consideradas delincuentes a los ojos de sus vecinos, de su comunidad.
Llegados a este punto del análisis, estimo que va siendo hora de sintetizar y poner en orden las ideas expuestas.
Primera conclusión: la solución no radica en ampliar la franja de edad en los menores, ni en imponer medidas más severas, ni mucho menos. El control social formal ha de ser subsidiario, el Derecho Penal la "última ratio" (en términos de andar por casa:  el recurso final al que acudiremos, cuando todos los mecanismos menos lesivos a nuestra disposición hayan fracasado).
Entonces, ¿qué cambios podemos y debemos implementar? Multitud de ellos. Como requisito coincidente aparecerá la circunstancia de que afecten de lleno al proceso de socialización, y más en concreto a las instancias de control social informal.
Nombraré algunos: en educación, tanto familiar como a nivel de Centros. Educar en el respeto; enseñar las emociones e instruir en habilidades sociales (empatía, autocontrol, confianza en uno mismo...); etc. A nivel comunitario, de vecindario, se me ocurren los siguientes: dotar a los barrios más desfavorecidos - aquellos con presencia de numerosas familias desestructuradas y altas tasas de delincuencia -, de recursos institucionales de asistencia. Servicios Sociales, actividades (costura, juegos de mesa para jóvenes, por poner algún ejemplo), instalaciones deportivas, etc. Y por último, en lo que respecta a la instancia más cercana al menor - la familia -, se podría: preveer un mayor apoyo asistencial y económico a los núcleos familiares más desfavorecidos; promover talleres para educar a los padres, es decir, dotarlos de recursos para criar a sus hijos/as...
Segunda conclusión: con los menores delincuentes hay que ser tolerante y comprensivo. Desde un punto de vista general, sin ahondar en casos concretos ni tener en cuenta la posible presencia de patologías en infractores, podemos afirmar que existen muchas probabilidades de resocializarlos. De ahí la orientación de las medidas a imponer: educativa.
No son pocas las sentencias en nuestro país que toman esta dirección. Condenar a un menor infractor a aprender a leer y a escribir; a asistir a talleres de control de impulsos; a convivir en una comunidad distinta a su círculo familiar (medida adoptada cuando las circunstancias familiares no son particularmente favorables).
Luego está la otra cara de la moneda. Al violador o al homicida (una vez los hechos quedan probados y recogidos en la correspondiente sentencia), se les castiga con internamientos en régimen cerrado, que podrían prolongarse hasta 8 años. Decía el Juez de Menores Emilio Calatayud, en una conferencia a la que tuve la suerte de asistir: "¿Qué pensáis que se oye en los Centros de Reforma por la noche, cuando apagan las luces? Llantos. Niños llorando." Son cárceles para menores en las que se les priva de libertad. Es cierto que se programan tratamientos tendentes a la reinserción, llevados a cabo por profesionales. Sin embargo, no dejan de estar encerrados.
Para la reflexión, os dejo una frase de Fernández García, sobre el fin resocializador de los castigos: "es muy difícil educar para la libertad en condiciones de no libertad, puesto que la vida en prisión se caracteriza por la aparición de una subcultura especifica a la que ha de adaptarse el recluso para sobrevivir, a las normas de sus compañeros".
Tercera y última conclusión: el tratamiento de la información por parte de los "Mass Media" ha de ser responsable. La semana pasada leí opiniones del tipo: "barra libre" de impunidad entre nuestros menores; se van "de rositas" con conductas atroces; la Ley del Menor es muy laxa, hay que cambiarla para incluir penas que surtan efecto; y así podría seguir hasta llenar otra entrada de blog. Libertad de expresión, sí, pero con responsabilidad.
Espero no haber sido excesivamente técnico en la redacción y sobre todo, haber conseguido mi objetivo: remover consciencias y fomentar el debate sano. Eduquemos a nuestros menores con cariño, no olvidéis que lo que más desean es nuestra atención.

sábado, 11 de noviembre de 2017

El papel de familia y allegados

Buenas días queridos lectores! Antes de entrar en faena, me gustaría agradecer a Ana Sellers la inyección de motivación que, sin coste adicional ni esperar nada a cambio, me ha administrado. Esta encantadora periodista, con la que tuve la suerte de compartir experiencias un día de feria, me enseñó que en el mundo todavía queda solidaridad. Aquí me tienes siguiendo tus valiosos consejos Ana, un millón de gracias.
Corría una calurosa tarde de principios de agosto. No me equivoco si afirmo que la temperatura de la oficina superaba en 4 ó 5 grados la exterior - su orientación no es precisamente la mejor, pues recibe el sol directo de la tarde. Era viernes, el primero del mes. Todavía recuerdo que veía las ansiadas vacaciones a años luz y el hecho de que Mari Ángeles - mi Oficial, a la postre única acompañante en este viaje - hablaba con júbilo de sus días de esparcimiento en Alhendín no ayudaba lo más mínimo.
Esa mañana recibí una llamada de la jefa del Gabinete de Prensa - que por cierto también responde al nombre de Ana. Me pedía ayuda para otra amiga periodista, que le había transmitido que alguien muy cercano había sido víctima de violencia machista. En vista de que el volumen de trabajo lo permitía, la llamé de inmediato para citarme con ella durante la tarde. Ya por teléfono me adelantó que era su hermana quien necesitaba ayuda, por lo que le pedí que vinieran las dos juntas a la oficina.
Con puntualidad británica, ambas jóvenes hicieron acto de presencia en Comisaría. La periodista, de mi edad, y su hermana de tan solo 28 años. Las invité a pasar a mi despacho, cerré la puerta tras de mí y les pedí que se pusieran cómodas. Me dirigí a Amanda (nombre ficticio, por razones obvias de privacidad) y le indiqué que me hablara de su ya extinta relación de pareja. 
Por período de dos años había mantenido una relación de noviazgo con un hombre mayor que ella - 46 años. Explicaba que al principio le "daba pena", lo vio muy solo y triste. Éste sería el principal motivo que la llevó a acercarse a él y a solidarizarse con su situación.
Las conductas de control no tardarían en llegar. Desde los primeros compases de la relación, este señor comenzó a comentar su forma de vestir, a indicarle que no debía usar maquillaje para salir a la calle. Estos consejos los justificaba en que él la veía guapa siempre, incluso sin arreglar, y que le parecía más atractiva con vaqueros que no fueran muy ajustados y zapatillas de deporte.
Estas actitudes machistas se vieron seguidas, sin solución de continuidad, por otras de mayor calado. Su ex-pareja empezó a aislarla de su círculo social y familiar. "¿Otra vez vas a salir con tus amigas?, mejor nos quedamos aquí viendo una peli los dos juntos, que tengo muchas ganas de estar contigo; no vayas hoy, quédate mejor"; eran algunas de las frases que le decía. El problema de esto es que no ocurría en ocasiones contadas, si no más bien cada vez que Amanda hacía planes con sus amigas.
Con vuestro permiso haré un breve inciso que viene muy al caso: el pasado martes tuve la suerte de participar, junto con el Área de Igualdad del Ayuntamiento de Málaga, en un cine-fórum con cerca de 300 adolescentes. Proyectaron el documental de TVE, "El machismo que no se ve" (a quienes no lo hayáis visto, os recomiendo encarecidamente que lo hagáis). A su finalización, Ángélica - psicóloga - jefa del Negociado contra la Violencia de Género -  y un servidor dedicamos una hora a debatir el documento gráfico con los jóvenes allí presentes. He de decir que me sorprendí gratamente, pues de ninguna de las maneras me esperaba tanta implicación y participación de una población en riesgo (las estadísticas dicen que una de cada cuatro jóvenes sufre violencia psicológica). Una chica, volviendo a enlazar con la historia del presente post, dijo: "la gente se piensa que es fácil salir de una situación de violencia. Dicen que porqué no rompemos la relación cuando comienza el maltrato; dicen que porqué aguantamos carros y carretas; lo dicen porque no son ellos quienes están ahí, sufriéndolo en sus carnes". Cuánta razón tenía esta joven. Y es que debéis plantearos la siguiente comparativa: conozco a un chico por redes sociales y tenemos una primera cita. Quedamos para tomar café en una terraza y, de buenas a primeras, me suelta un guantazo en la cara. ¿Qué haría? Me juego un brazo a que prácticamente el 100% de vosotras os levantáis de la mesa y os marcháis. Y entonces, si lo haríais en esa situación, ¿Por qué no os "marcháis" al primer tortazo en vuestra relación? Posiblemente muchas lo hagáis, sin embargo, el maltrato en el ámbito de género es más sutil. Se presenta de forma escalonada, muy poco a poco, nos va comiendo terreno hasta que nos tiene rodeados y sin posibilidad de escapar.
Estas primeras actitudes del ex-novio de Amanda van encaminadas a esa construcción de la situación desigual, del desequilibrio. La relación avanza y sin daros cuentas os váis quedando solas. Bueno, lo tenéis a él, es lo único que tenéis. Por eso lo perdonáis una y otra vez, os une un vínculo sentimental muy fuerte y su propósito de enmienda es suficiente. Sin embargo, la violencia siempre vuelve, es cíclica.
La situación de Amanda se fue deteriorando, como era de esperar. Su ex-pareja llegaba a ir a buscarla donde estuviera con sus amigas para obligarla a volver a casa con él, conducta obsesiva que acompañaba de comentarios despectivos. Comenzó a desconfiar de ella, le decía que la había visto salir del gimnasio del barrio con otro hombre - cuando ella jamás había estado allí.
La relación se hizo insostenible cuando comenzaron los insultos y las agresiones físicas. A pesar de lo anternior, Amanda tuvo la valentía de recurrir a la persona que más la quiere en este mundo: su hermana. Ella la iba a ayudar a salir de esa espiral de maltrato.
Todavía recuerdo como si fuera ayer como la hermana de Amanda lloraba en mi despacho, lamentándose de no haberse dado cuenta por sí misma de la situación y haberla ayudado antes. Aquí es donde quería llegar, el objetivo principal de esta entrada.
El papel de la familia, amigos y otras personas cercanas a la víctima es fundamental en la lucha contra esta lacra. No me cansaré de recordaros que, un tercero ajeno a la situación de maltrato, no solo puede denunciar la conducta, si no que tiene la obligación moral de hacerlo. Ayúdala a salir, no te quedes sentado de brazos cruzados.
Os dejo la última campaña del Ministerio, que seguramente muchos ya habéis visto en la calle. Es muy acertada y lo más importante, directa. "CUANDO HAY MALTRATO EN UNA PAREJA, NO SON SÓLO COSAS DE PAREJA. NO PERMITAS LA VIOLENCIA DE GÉNERO". Espero que nunca tengáis que colgar un centro de flores en la puerta de la casa de un ser querido. Feliz fin de semana.

lunes, 26 de junio de 2017

Trabajar en pos de la igualdad de oportunidades

Hola de nuevo bloggers! Me alegra estar de vuelta por estos lares, después de otro "parón" inesperado. Por más que me esfuerzo en alimentar mis pasiones, la rutina parece salir victoriosa y me aleja de estos pequeños placeres... Me ha ganado varias batallas, pero la guerra todavía está en su punto álgido. No soy yo de tirar la toalla, ni mucho menos.
Decía que me congratula regresar a mi espacio, donde me siento seguro. Hoy, aprovechando que tengo el día libre para cuidar de Óliver - ha cogido otro de los famosos virus de la guarde -, os hablaré de un tema que, por desgracia, sigue ocupando portadas a diario.
Para los que no me conocen, tengo la suerte de estar al frente del Grupo de Investigación de la Unidad de Familia y Mujer (U.F.A.M.) de la Comisaría Provincial de Málaga. Se trata de una Unidad integrada por 11 Policías especializados en la investigación de delitos de violencia de género - en su concepto amplio -, violencia intrafamiliar y aquellos que atentan contra el plano más íntimo del ser humano, la libertad sexual. Quería que entendiérais mi grado de implicación en la materia, el porqué de invertir esfuerzos en pos de esta difícil empresa. Espero haber tenido éxito.
Mi trabajo es sencillamente apasionante. Que conste que no lo digo por seguir el guión, ni a modo de cliché o algo parecido, nada más lejos de la realidad. Y eso que no lo elegí... ¿Ah no? Un no rotundo. Aquí donde me véis quería algo con una menor carga emocional, algo que policialmente hablando pudiéramos tildar de más operativo. Sin embargo, una Comisaria tuvo a bien concederme esta responsabilidad, convencida - como así me dijo aquel día - de que mi desempeño estaría a la altura (y es que las arengas de este tipo, en nuestros pequeños mundos laborales, no deben olvidarse). Dos años después de ese día debo decir que no quiero cambiar. Trabajar en equipo y ayudar a las personas son las dos variables que conforman la ecuación perfecta de mi actual felicidad. Dicho así suena hasta fácil, fíjate, cuando en realidad no tiene ni un ápice del calificativo. Formación, buen ambiente, reparto equitativo de roles, llantos, familias destrozadas por el germen de la violencia, estrés y un largo etcétera que culmina con un SATISFACCIÓN en mayúsculas - la guinda del pastel. Qué bien suena ésta última, ¿no os parece? De hecho la voy a usar para contaros algunas de las últimas ocasiones en las que la he sentido.
Satisfacción cuando los padres de una niña de 15 años se presentan en Comisaría desesperados, conocedores de que su pequeña está saliendo con un maltratador. En cuestión de 7 meses se ha escapado de casa en numerosas ocasiones, ha dejado el instituto, ha interrumpido un embarazo, ha limitado su círculo social a este niño - pues él también es un adolescente- que le exige exclusividad, etc, etc. Conclusión: Unos padres destrozados porque su hija no es capaz de darse cuenta de la situación.
A día de hoy, tras un duro trabajo de mi Equipo, la chica ha reconocido su condición de víctima, lo ha denunciado y está recibiendo tratamiento psicológico para superar el bache. Pero más importante que todo esto ha sido su actitud receptiva: él no te quiere, los celos no son una conducta que demuestra amor, tu relación con este chico es tóxica. Todavía está emocionalmente muy afectada, pero no me cabe duda que con el apoyo de sus seres queridos y una buena decisión judicial saldrá adelante.
Satisfacción de haber ayudado a una joven que llevaba sufriendo acoso sexual en su lugar de trabajo el último año y medio a manos de su jefe. No olvidaré aquella mañana del primer de junio cuando se plantó en mi despacho, empujada por dos compañeros de oficina, para narrarme las barbaridades que este señor - por llamarlo de alguna manera -, le hacía. Algun@s os estaréis preguntado: ¿Por qué no se marchó de allí antes?, ¿Cómo pudo aguantar la situación tanto tiempo? Preguntas ambas comunes para aquel que "ve los toros desde la barrera". Intentaré explicarlo.
El acosador suele tener una personalidad narcisista, es alguien que se siente muy seguro de sus habilidades y ostenta una posición de superioridad. Tampoco sería descabellado que tuviera algunas pinceladas de psicopatía... Muy inteligentes y calculadores, duchos socialmente; cualidades que unidas suelen conducir al éxito. De esta manera, consigue acercarse a su víctima de una forma muy hábil, ganándose su confianza a un ritmo frenético. Los comentarios al principio son agradables, aplaudidos por su entorno e incluso por la futura víctima. Sin percibirlo la amabilidad comienza a tornarse en faltas de respeto leves, para progresivamente pasar a comentarios de tono sexual que lejos de ser criticados por los demás trabajadores siguen siendo, de hecho, reforzados - con risas y otros incentivos de un amplio repertorio. Cuando te quieres dar cuenta ha abusado de ti - por ejemplo, un tocamiento lascivo - o te ha propuesto una relación sexual desde su posición de privilegio (no olvidemos que es tu jefe, quien paga tu nómina al final de mes). Toda esta red tejida a conciencia convierte a la mujer que consigue salir de ella en una auténtica valiente, una luchadora.
En el caso que nos ocupa, dos cargos directivos intermedios de la empresa se ofrecieron a declarar a su favor y le dieron el empujón que necesitaba - los mismos que meses atrás le reían la gracia -. Así fue, dos hombres "hechos y derechos" con los ojos empañados por las lágrimas, mientras me narraban cuán arrepentidos estaban de no haberle parado los pies antes. Eso, por sí solo, los honra.
 Volviendo a la chica, no podría obviar que después de interponer la denuncia nos fundimos en un abrazo que jamás olvidaré. No sé quién ni cómo se inició, lo único que sé es que fue sincero, cálido. No hay nada como empatizar con aquel que te necesita.
Días despúes, ya en el Juzgado, la misma mujer me preguntó: "¿Todavía das abrazos?"; sin dudarlo, respondí: "Por supuesto"; y en cuestión de segundos volvíamos a entrelazarnos durante un largo intervalo de tiempo - que en realidad pareció corto -. Por estos momentos amo lo que hago.
Por último, satisfacción por mi actual posición, privilegiada en la lucha por la igualdad. El mito del amor romántico sigue muy arraigado en la juventud - "me controla porque me quiere, él solo busca lo mejor para mí" -, tanto que con las nuevas tecnologías ha cogido hasta mayor impulso (me remito al primer caso). A este mito unimos la educación, que desgraciadamente sigue siendo en desigualdad. Un ejemplo claro que me da la razón es el segundo caso que os he contado: los micromachismos siguen muy arragaidos en la sociedad. "Mi jefe hace continuos comentarios sexuales, alusiones inapropiadas a compañeras de trabajo, y yo - en un alarde de virilidad - le río las gracias, lo empujo a seguir haciéndolo..." Todo lo contrario a una educación en perspectiva de género. Toca seguir luchando.
Nos vemos en la próxima que espero no se demore. Sed felices.



domingo, 18 de junio de 2017

Introducción a los abusos sexuales

Hoy me gustaría hablaros de algo que, por desgracia, se está volviendo común en las noches de ocio. Se trata de los abusos sexuales. La juventud actual, y desde hace ya varias décadas, es propensa a salir en horas nocturnas y a consumir grandes cantidades de alcohol - en algunos casos, también otro tipo de drogas -; factores que se unen para generar un caldo de cultivo apto para esta modalidad delictiva.
En primer lugar considero que no está de más transmitiros que este bloggero, no hace mucho, se encontraba dentro del colectivo bautizado como "juventud" - que conste que todavía me veo joven, aunque la paternidad me haya sacado de un plumazo de la noche -(XD). Y es que tuve la suerte de cursar mis estudios universitarios en la ciudad de Granada. Durante esta etapa, no fueron pocas las salidas nocturnas - botellón incluido - en compañía de mi grupito de amigos, llegando a consumir un volumen de alcohol considerable. Tomemos para este post la siguiente definición de considerable: una borrachera de campeonato, capaz de deshinibirnos e incluso hacernos "tambalear" en la sala de baile.
Puestos en situación, pasaremos a dar un concepto de abuso sexual "para andar por casa". Es un acto de naturaleza sexual llevado a cabo sin el consentimiento de la víctima, varón o hembra, aunque por motivos obvios de mayor incidencia me centraré en el sexo femenino - un saludo poco cordial, patriarcado. Por tanto, cualquier conducta de implicación sexual, i.e. un tocamiento de un glúteo; se puede incluir en esta definición. Así es, ese acto de hombría - modo irónico ON - que multitud de varones llevan a efecto en la discoteca, agarrando el trasero de aquella chica mona que pasa a nuestro lado, es un delito. Se dice pronto...
Con afán de alcanzar una buena comprensión os pondré varios ejemplos: un abuso sexual es un tocamiento llevado a cabo al descuido, i.e. en la vía pública, un individuo aprovecha que la chica camina con sus ojos fijos en el móvil para acariciarle un pecho y salir corriendo; un abuso sexual también es considerado cuando la joven - digamos, por ejemplo, 20 años de edad- se encuentra bajo los efectos del alcohol y su nivel de comprensión y entendimiento de sus actos está visiblemente reducido; aprovechando el chico para agarrarla por la cintura en la discoteca y besarla (por su estado, la chica no es consciente de lo que ocurre y no se niega expresamente al beso). Éste segundo caso es el que más me interesa y sobre el que pondré el foco.
A veces, por cómo nos han educado - otro saludo no afectuoso, dichoso patriarcado -, creemos que un "no" por respuesta no es definitivo. "Se está haciendo la dura; insiste que seguro que al final cae; deja que se tome un par de copas más y la tendrás a tiro..."; entre otros pensamientos machistas y por desgracia, muy comunes. Pues permitidme que os diga que un "no" es más bien un "no", y con él lo que la chica os está transmitiendo es su desinterés en el pretendido acercamiento. No insistáis; no presionéis; no abuséis... Mejor buscaros a otra - ¿Será por mujeres en el mundo?-. Tomadlo como un consejo que vale su peso en oro: si insistís, si presionáis, podríais estar cometiendo un delito que, en su tipo básico, tiene prevista pena de prisión de 1 a 2 años. Gracias Álvaro, lo tendremos en cuenta. Y encima "de gratis", para que luego os quejéis.
Álvaro, ¿Y qué ocurre si no me ha dicho que no, pero va considerablemente borracha? Peor me lo pones, recula y sal de allí. No se encuentra en condiciones de darte un no por respuesta. A sus amigas: si la queréis, acompañadla a casa. De nada.
Hasta ahora hemos hablado de "abusillos": tocamientos de carácter lascivo al descuido, besos robados - la clásica cobra -, y otras conductas que penalmente no revisten una gravedad reseñable. Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando la presión nos lleva a practicar sexo?; ¿Qué pasa si con esa joven en estado semiinconsciente llego al coito? Bien, ahora sí debéis preocuparos. Más aún, acongojaros, porque como a esa joven "facilona" (con todo el tono irónico del mundo mundial) le de por interponer denuncia, os arruina la vida. Tal y como habéis leído, estaríamos ante un delito agravado de abuso sexual. Houston, tenemos un problema - de dos pares de cojones, chaval...-
La intención inicial de este post era ser muy incisivo, transmitir un mensaje directo y claro. Mi intuición me dice que con lo que os he dado es suficiente, que no es necesario ahondar más en la materia. Seguiré mis instintos: si estás pensando en salir a ligar el próximo viernes, adelante, puede ser tu noche. Pero por favor, no olvides estas tres recomendaciones: sé respetuoso, acepta un no por respuesta y no intentes "llegar hasta el final" si ella está afectada por el alcohol. Habrá más citas si te comportas como un caballero, de eso no me cabe duda. Por una ciudad libre de abusos sexuales.
Feliz domingo queridos lectores!





domingo, 5 de marzo de 2017

Gracias PABLO

Dedicado a un luchador optimista, a un chico que irradió ganas de vivir a cada segundo, incluso cuando todo parecía oscurecer. Dedicado a Pablo Ráez. Va por ti.

Gracias Pablo por darnos tantas lecciones de vida. A tus 20 años has demostrado una entereza y una madurez que no son, para nada, acordes a tu temprana edad.

Gracias por enseñarnos a disfrutar cada instante; a base de compartir momentos de tu día a día y de la encarnizada batalla que has librado contra la enfermedad, nos has abierto los ojos a un mundo lleno de experiencias. Cada momento cuenta, cada instante hay que vivirlo intensamente pues podría ser el último.

Gracias por mostrarte tan natural, por abrir las puertas de tu privacidad para que pudiéramos ser un poco partícipes de tu inusitado optimismo.

Gracias por afanarte en cubrir las carencias de las instituciones. Desde tu marcha, las donaciones de médula se ha cuadriplicado. No obstante lo anterior, seguimos sufriendo los efectos de una sanidad deficiente. Falta personal, recursos y lo que es aún peor, una disposición decidida a mejorar. La voluntad del hombre mueve el mundo, de eso ya no cabe duda Pablo.

Gracias de corazón. Tu nombre perdurará en el recuerdo de muchos. Tu lucha no fue en vano. Descansa en paz, campeón.