UN SÁBADO CUALQUIERA EN CÓRDOBA

UN SÁBADO CUALQUIERA EN CÓRDOBA
UNA DE BUENOS AMIGOS

viernes, 14 de septiembre de 2018

Primeras medidas del Pacto de Estado


Hace escasos 2 días se convalidaba el polémico Real Decreto-ley 9/2018, de 3 de agosto, en la Cámara Baja. El apoyo, como no podía ser de otra forma, fue unánime. Se trata de la aprobación del primer “paquete” de medidas que suponen la modificación de textos legales, enmarcadas en un Pacto de Estado que vio la luz hace prácticamente un año. 11 meses y 13 días, para ser exacto. Entre medias numerosos vaivenes políticos, quebraderos de cabeza con aires separatistas y un sinfín de cosas que ahora no alcanzo a recordar. ¿Excusas? Si tenemos en cuenta que la violencia de género es la manifestación más cruel del desequilibrio de poderes entre hombres y mujeres, en la sociedad actual, podríamos decir que sí. Que nada importa más que lo que nos ocupa.

Sin embargo, no estoy por la labor de ser negativo: “Más vale tarde que nunca”; y sobre todo que este paso siente un precedente. Recurro a una analogía empleada en el deporte rey: “Una vez se abre la caja vienen todos seguidos” (para los/as menos futboleros/as: después de meter el primer gol todo es más fácil). A este achaque de positivismo se suma el hecho de que finalmente hayan convertido el texto en proposición de ley, lo cual supondrá que se someterá a debate y otros grupos políticos podrán incorporar enmiendas. Todo lo que sea revisar en pos de un mayor consenso siempre es favorable. No os quepa duda.

Dicho esto, que ha de servir como somera introducción, me gustaría que el cuerpo de esta entrada discurriera por dos frentes – ambos igual de importantes -: el primero consistirá en un intento de explicar en qué consiste exactamente la modificación legislativa que nos ocupa; el segundo, como no podía ser de otra forma, en aportar y fundamentar mis opiniones personales al respecto. Sin más preámbulos, ¡vamos al lío!

Las medidas que con este Real Decreto-ley se despliegan son varias:

En primer lugar, se llevan a cabo varias modificaciones de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género. La “Ley” por antonomasia; nuestra herramienta de mayor valor en esta lucha. Bien, tres son los artículos afectados por la reforma: el artículo 20, que versa sobre la representación procesal de las víctimas (es decir, su derecho a asistencia letrada).  Se modifica el apartado cuarto, que pasa a tener la siguiente redacción: “4. Igualmente, los Colegios de Abogados adoptarán las medidas necesarias para la designación urgente de letrado o letrada de oficio en los procedimientos que se sigan por violencia de género y para asegurar su inmediata presencia y asistencia a las víctimas.” Designación urgente e inmediata presencia y asistencia a las víctimas. Esto va en la línea de proteger a la mujer de forma integral y desde los primeros compases. Asimismo, como novedad, se incorporan tres apartados al mentado artículo: todos ellos se orientan a la posibilidad de que la víctima se persone como acusación particular en la causa. Para ello se prevé la representación por Procurador/a y se especifica que podrá incorporarse como parte activa en cualquier momento del procedimiento. Todo esto, por supuesto, a coste cero.

De aquí pasaríamos al artículo 23. En él se recogen las vías o formas a través de las que se puede acreditar la situación de violencia de género de una mujer. Hasta ahora solo se podía conseguir por la vía penal: sentencia condenatoria por delito de violencia de género, Orden de Protección o cualquier otra medida cautelar dictada a favor de la víctima y en defecto de los anteriores, informe del Ministerio Fiscal que acredite la existencia de indicios de delito. Esto suponía que necesariamente la víctima tenía que pasar por el trámite de la denuncia para que existiera la posibilidad de desplegar el “paquete” de medidas integrales previstas en la L.O. 1/2004. Digo “existiera” porque no siempre se daban las condiciones impuestas, a pesar de haber interpuesto la correspondiente denuncia (véase, archivo en Juzgado de Violencia Sobre la Mujer por falta de indicios que acrediten la situación de violencia o porque la mujer se acoge a su derecho a no declarar en contra del supuesto agresor). A partir de ahora se abre un nuevo camino: informe de los servicios sociales, de los servicios especializados, o de los servicios de acogida destinados a víctimas de violencia de género de la Administración Pública competente; “o por cualquier otro título, siempre que ello esté dispuesto en las disposiciones normativas de carácter sectorial que regulen el acceso a cada uno de los derechos y recursos.” Termina añadiendo: “El Gobierno y las Comunidades Autónomas, en el marco de la Conferencia Sectorial de Igualdad, diseñarán, de común acuerdo, los procedimientos básicos que permitan poner en marcha los sistemas de acreditación de las situaciones de violencia de género.”

En lo que afecta a la L.O. 1/2004, nos encontramos una última modificación. Ésta concierne al contenido del artículo 27, sobre la compatibilidad de ayudas económicas. Con el cambio se pretende que la mujer víctima pueda acceder a ayudas de carácter local o autonómico, entre otras, y que éstas no sean incompatibles con las de carácter estatal.

En segundo lugar, se modifica el artículo 156 del Código Civil. Con poco margen de error me atrevo a afirmar que estamos ante el cambio más polémico. No es para menos. Con él, en palabras literales de la exposición de motivos, se pretende “desvincular la intervención psicológica con menores expuestos a violencia de género de la patria potestad”. Aquí cabe añadir, aunque luego lo hayan incorporado a la nueva redacción, que también aplica en violencia doméstica (es decir, si es él – el varón -, el afectado por la violencia o bien lo son sus hijos/as a manos de su madre). Resulta que a partir de ahora, si uno de los progenitores está “incurso en un proceso penal iniciado por atentar contra la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o la libertad o indemnidad sexual del otro progenitor o de los hijos e hijas de ambos”; su consentimiento dejará de ser necesario en lo que respecta a la atención psicológica de los hijos e hijas menores de edad (con dos puntualizaciones: que habrá de informársele de este extremo y que en caso de hijos/as mayores de 16 años se recabará siempre el consentimiento expreso de éstos). En resumidas cuentas: un o una presunto/a autor/a de violencia de género/doméstica perderá su derecho a decidir en este aspecto de la patria potestad. El presunto/a significa que está siendo investigado por unos hechos que podrían ser delictivos, si bien todavía no ha recaído sentencia condenatoria. Todo esto ha de quedar claro cristalino.

En tercer y último lugar, se incorpora un apartado a la Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local. Su contenido reza: “Actuaciones en la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres así como contra la violencia de género”. Con esto se pretende poner el foco en las Administraciones Locales. Por cercanía y confianza, a la vista de que en torno al 70% de las mujeres asesinadas hasta la fecha no habían interpuesto denuncia, se considera primordial que el papel de Ayuntamientos y sus servicios asistenciales se vea convenientemente reforzado. Esto enlaza a la perfección con la ampliación del catálogo de vías de acreditación de la situación de víctima de violencia de género.

Hasta aquí lo que da de sí la reforma. Momento ahora de entrar de lleno en las opiniones a título personal. ¡Allá vamos!

Iré en estricto orden, punto a punto, para que de esa forma la comprensión no se vea mermada:

1.       Que las víctimas puedan personarse como acusación particular en el proceso penal es, sin duda, un gran avance. A esto, faltaría más, sumamos el hecho de que puedan hacerlo sin coste alguno. Pero, ¿qué significa eso de “acusación particular”? Paso a explicarlo: aunque la mayoría de los tipos penales que se dan en violencia de género son perseguibles de oficio (a excepción del acoso y el “revenge porn” o contra la intimidad), esto no viene sino a reforzar la tutela judicial y la confianza de la víctima en el sistema penal. Que un delito sea público o  perseguible de oficio supone que el Ministerio Fiscal (en adelante, MF) está obligado a perseguirlo – valga la redundancia -, sin incluso mediar denuncia del perjudicado/a (siempre y cuando la notitia criminis le llegue. Se me ocurre el atestado policial que se instruye aportando indicios de una presunta comisión delictiva, con el responsable identificado, pero sin que haya denuncia de la parte afectada) Esto convierte al MF en parte acusadora; en representante y defensor de los derechos de la víctima. Bien, además del MF, la legislación contempla que el perjudicado/a se pueda constituir en parte acusadora (con representación letrada y procurador/a) para defender sus derechos y reclamar los daños sufridos de la manera que estime oportuna, de forma paralela y sin que afecte a la actuación del MF. Ahora, en violencia de género, esto es posible a coste cero.

2.       La nueva vía de acreditación de la situación de víctima de violencia de género ha dado mucho que hablar. Se ha escrito largo y tendido sobre este aspecto de la reforma desde aquel caluroso primer viernes de agosto, cuando inopinadamente vio la luz.

Algunos/as afirman que esto es un grave error. Hablan de que los mecanismos jurídicos gozan de un control excepcional y de que dar esta potestad a instituciones locales es una auténtica aberración. Se oye la palabra “estigma” (si se acredita la situación de víctima de una mujer ha de haber, por fuerza, un agresor o maltratador), también inseguridad jurídica, y así hasta que nos hartemos.

Otros/as, en cambio, se muestran favorables al cambio. El argumento que esgrimen es el siguiente: no se trata de reconocer la condición de víctima al mismo nivel que el penal, sino solamente desde el punto de vista administrativo. Es decir, este reconocimiento le abrirá la puerta a derechos sociales y económicos a los que antes solo podía aspirar a través de la denuncia. Afirman que es una manera efectiva de romper el vínculo, sobre todo aquel que afecta de lleno al plano económico, y dotar a la mujer de la independencia necesaria para salir de la situación de maltrato.

¿Mi opinión? Que el cambio será positivo, previa elaboración de un procedimiento básico estandarizado. Me explico: a los que hablan de inseguridad jurídica, hoy por hoy, no les falta razón. En primer lugar, no se ha dispuesto la manera en la que se debe elaborar el “informe” que supuestamente acreditará la situación. En segundo lugar, a mí personalmente no me gusta nada la coletilla “por cualquier otro título”. Se habla de la elaboración de informes por los servicios sociales, los servicios especializados o los servicios de acogida destinados a la víctima de violencia de género de la Administración Pública competentes; para luego finalizar con ese “por cualquier otro título”. No me gusta ni un pelo. Es abstracto, ambiguo y, por tanto, inseguro desde el punto de vista jurídico. En tercer y último lugar, se apunta a que será la Conferencia Sectorial de Igualdad la encargada de elaborar el diseño del procedimiento. No sé, me da que se ha empezado la casa por el tejado, ¿no os parece?

Si pautamos el protocolo, estandarizamos los indicadores a emplear y formamos al personal de los servicios que han de ser competentes; entonces y solo entonces, este cambio será un paso de gigante en esta lucha. Porque a aquellos/as que ya lo defienden no les falta tampoco razón: es un reconocimiento administrativo que para nada afecta a la vía penal; sin duda conseguiríamos romper el vínculo y tener posibilidades de sacarla de la espiral de la violencia, a través de organismos más cercanos a la ciudadanía; y abriríamos la puerta a los recursos de ayuda que hay previstos para mujeres víctimas de maltrato. ¡Chapó! Pero antes, vamos a concretar y dejar a un lado las ambigüedades.

3.       La compatibilidad entre las ayudas no se presta al debate. Se merece una cerrada ovación y nada más.

4.       Por último, el otro punto polémico: la asistencia psicológica de hijos e hijas. Solo le voy a poner un “pero”: en el caso de que estos hijos e hijas sean testigos de la situación de maltrato, siempre y cuando su edad y madurez sean adecuadas, podría ser necesario su testimonio en el procedimiento. En estos supuestos, habiendo intercambiado opiniones con varios/as expertos/as en la materia (a mí se me escapa este tema), es posible que sea conveniente que los menores lleguen a la exploración intactos. Es decir, que su testimonio no se vea contaminado por previos contactos con otros/as especialistas, ajenos a la causa penal. Este es el único contrapunto que puedo aportar. Por lo demás, ha de regir el interés superior del menor y a este respecto, no me cabe duda, esta modificación legislativa es positiva. Recordemos que cuando hay causas abiertas, contra el padre o la madre, los menores son el principal receptor de la violencia. Tanto uno como otra intentará poner piedras en el camino para salirse con la suya. Lo que no saben es que quien sufre esta guerra abierta es el menor.

lunes, 27 de agosto de 2018

El machismo en Twitter

Por segunda semana consecutiva mi entrada gira sobre la misma temática: el maldito machismo. No es fijación, en absoluto; más bien responde a un fenómeno digno de análisis - al menos bajo mi particular prisma -. Aterricé en Twitter allá por el mes de abril de este año (un pepinillo, como en el argot policial nos referimos a los Polis novatos). Tal vez sea esa falta de rodaje la razón por la que me llama tanto la atención los airados ataques machistas que, a través de la figura virtual del troll, se reparten a diestro y siniestro. O tal vez no.
El caso es que su ofensiva en redes sociales es totalmente comprensible: difamar es gratis y en la Red se hace con la cobertura del anonimato. El Internet se consagra como el perfecto espacio para los cobardes, aquellos que prefieren no ir de cara. ¡Qué más se puede pedir! 
Sin ir más lejos, el sábado tuve que bloquear a 4; el domingo, a 2. Estas son mis cifras como hombre e Inspector de Policía Nacional (información que destaca en mi perfil, junto a mi foto). No me quiero ni imaginar los números de muchas de las feministas a las que sigo y tanto respeto. Supongo también - lejos de equivocarme, seguramente -, que el tono de los mensajes dista en gran medida: yo, por fortuna, solo he recibido precarias faltas de respeto y sandeces varias. A ellas les dirigen a diario hasta amenazas - en estos casos extremos, se debe optar por la denuncia -. Lo dicho: la seguridad de refugiarse tras la pantalla del ordenador; esa sensación de impunidad.
Como todo en la vida, la situación acarrea una pizca de humor. No sé a vosotros, pero a mí los nombres con que bautizan sus perfiles me suelen arrancar una sonora carcajada: que si "cazador de brujas", "un chico más", el "coco feminista", "divorciado indigente"; son solo algunos de los sujetos con que me he topado y que ahora engrosan mi lista de contactos bloqueados. Sin duda, la originalidad no es su fuerte.
Ante este aluvión de trolls decidí documentarme online. Pronto me toparía con un artículo de The Guardian en el que varios sociológos compartían el resultado de un estudio sobre esta incipiente figura virtual. Su conclusión era taxativa: hay que ignorarlos y bloquearlos. No podría estar más de acuerdo. Dicho y hecho.
Desde aquí, para terminar, me gustaría mandar un mensaje a la horda de trolls machistas que campan por Twitter: por mucho que os empecinéis en insultar, difamar, amenazar y cuestionar la violencia de género; no vais a conseguir callarnos. El feminismo ha cogido carrerilla y las voces que lo defienden se escuchan cada vez más fuerte. Sobre eso ya no hay discusión posible.
Es más, que el machismo haya optado por la agresión, por estas patéticas faltas de respeto y variopintos ataques; denota que sus privilegios están en riesgo. Ven peligrar los cimientos del patriarcado y se defienden cual gato panza arriba. Pronto la igualdad será una realidad, de ello podéis estar seguros. Entre tanto, seréis bloqueados como moscas.


Imagen extraída de www.arturogcampos.wordpress.com

sábado, 25 de agosto de 2018

El machismo y sus gafas opacas

"No hay más ciego que el que no quiere ver"; reza el archiconocido refrán popular. Para el caso, nos viene como anillo al dedo. Resulta que el machismo, de la mano de sus defensores (los y las machistas, pues hay de ambos sexos aunque cueste creerlo), se defiende del "ataque" a sus privilegios cual gato panza arriba. No necesita de argumentos sólidos, ni recursos contrastados; simplemente se vale de cualquier arma arrojadiza a su alcance: que si la violencia no tiene género, que si existe un alto porcentaje de denuncias falsas, que si no nos importa que asesinen a hombres y a niños, que si la legislación que aboga por la igualdad no es igulitaria... y así podría seguir hasta el fin de los días. Lo dicho, que padecen de la vista.
Para esto hay una explicación sencilla: la amenaza a sus afianzados privilegios se ha vuelto una realidad. Casi la pueden tocar con la yema de los dedos. El feminismo, esa corriente o movimiento que persigue la igualdad real de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, encabezado por un nutrido grupo de valientes féminas, ha dado un puñetazo en la mesa para decir: ¡hasta aquí! Ya no te paso ni una más. A voz en grito y con el gesto visiblemente serio, imperturbable. No sé a vosotros, pero a mí como hombre privilegiado me invita a reflexionar. "A ver si van a tener razón. A ver si va a ser verdad todo eso que dicen sobre los techos de cristal, la violencia de género y demás. Suena justo y sensato, ¿no os parece?". ¡Claro que es de justicia! Faltaría más...
A mí, aliado fiel de la causa feminista, me parece que tienen más razón que un santo. Es más, desde el día en que me puse las gafas moradas no he podido quitármelas; es como si se adhirieran a la piel y pasaran a formar parte esencial e irrenunciable de tu cuerpo. Una sensación magnífica, sin duda. El machismo, por su parte, en vista de los argumentos vacíos y rancios que esgrime pareciera estar repartiendo entre sus fieles seguidores y seguidoras gafas opacas. Lentes oscuras que no permiten pasar la luz y te dejan completamente ciego. Digo esto con conocimiento de causa: ¿cómo es posible que no se den cuenta que cada año asesinan a una media de 60 mujeres?; ¿por qué no ven que faltan féminas en consejos directivos y en puestos de dirección?; ¿qué hay de la brecha salarial?; ¿no se percatan de los numerosos abusos y agresiones sexuales que se registran?. Definitivamente están ciegos, no hay otra explicación posible.
Para aquellos y aquellas de las gafas opacas tengo una buena noticia: ese complemento de la visión - por llamarlo de alguna forma - no se adhiere a la piel, es decir, estáis a tiempo de quitároslas y darles un buen pisotón. ¿Qué me decís?, ¿no os parece que las moradas son mucho mejores? Si finalmente optáis por el cambio, os informo de que hay gafas para todos y todas. Hacedlo, os prometo que no os arrepentiréis.

Fdo. Alguien que un día, no hace mucho, llevó gafas opacas y optó por deshacerse de ellas para siempre.


Imagen exraída de la web www.nocreasnada.com

sábado, 18 de agosto de 2018

La importancia del apoyo externo

El miércoles fue un gran día. Uno de esos que pasan al baúl de los buenos recuerdos; aquel en el que se almacenan solo los que dejan una huella positiva, amable, simpática. Al menos para mí y los míos. De hecho el sentimiento podría quedar perfectamente definido con esta frase: la satisfacción del deber cumplido.
El miércoles pasó a disposición del Juzgado de Violencia Sobre la Mujer Avelino. Esa misma mañana, a pesar de su negativa a declarar en su contra, Amparo salió con una Orden de Protección bajo el brazo. Una medida cautelar que en su nombre solicitaron su madre y la Fiscal de guardia. La situación, sin duda, lo requería.
El caso de Amparo llegó a nuestras manos hace ahora dos semanas. Su madre, Martina, fue la encargada de presentarse en Comisaría para dar cuenta de la presunta situación de violencia de género que su hija sufría. Refería haber visto hematomas en diferentes zonas del cuerpo de la joven en varias ocasiones; marcas físicas que eran justificadas por Amparo a través de excusas inverosímiles: "Me las hice jugando con Avelino; no es nada, déjame que viva mi vida". Pero la mecha la incendió una llamada inesperada: la madre de una amiga de su hija contactó con ella para contarle un episodio violento. El hecho, ocurrido días atrás en un local público, fue presenciado por varias personas más (amigas de Amparo).
Asigné el caso a uno de mis Policías. Como viene siendo habitual en estas situaciones, en las que en principio no contamos con la colaboración de la supuesta víctima, recurrimos al Distrito Sanitario. Se solicitó el historial médico de Amparo. En concreto, aquellas asistencias facultativas registradas que pudieran derivarse de episodios de malos tratos. En 24 horas teníamos la información en el correo electrónico: solamente había una asistencia, por pérdida de peso, náuseas y mareo; ocasionada a raíz de una ruptura sentimental cercana en el tiempo. Esta información ya apuntaba a que, como mínimo, Amparo estaría manteniendo una relación tóxica.
El siguiente paso que dimos era previsible: identificamos a las testigos del supuesto episodio violento, contactamos con ellas por teléfono y las citamos en Comisaría para ser oídas en declaración. Todas vinieron prestas. Estaban decididas a echar un cable a su amiga para salir de la situación de maltrato en la que estaba atrapada.
Al objeto de evitar futuras represalias y que se sintieran más seguras en su intervención (sobre todo lo segundo, pues las partes pronto supieron quienes eran), les ofrecimos la figura del testigo protegido. Se acogieron a ella de buena gana. Martina no se equivocaba cuando dio la voz de alarma: estas jóvenes presenciaron una agresión física semanas atrás, en el seno de un nutrido grupo de personas que disfrutaban del sábado noche en un local de ocio. Así nos lo narraron y así quedó plasmado en el papel.
Amparo, como era de esperar, se acogió a su derecho a no declarar. En este primer contacto no se mostró para nada receptiva. Es más, nos transmitió abiertamente que nuestra presencia la incomodaba. Una vez firmada el acta de no denuncia, nos marchamos con el rabo entre las piernas. Habíamos perdido una batalla pero no la guerra.
Mandé detener a Avelino con los indicios que manejábamos. De hecho, cuando dimos con él estaba con Amparo. Ella pateleó de lo lindo, no quería que su pareja se viniera con nosotros. Su actitud no iba a evitar nuestra actuación: era víctima de violencia de género aunque todavía no lo supiera.
Al día siguiente, en el Juzgado, subí personalmente con el atestado bajo el brazo. Por este orden, hablé con Fiscal y Jueza. Ambas me transmitieron que habría medida cautelar. De ahí me fui a ver a las amigas de Amparo, refugiadas en una sala aparte por seguridad: les di las gracias por lo que estaban haciendo y les prometí que nos íbamos a volcar con su caso. No pararíamos hasta que abriera los ojos.
Por último, me entrevisté en privado con la propia Amparo. He de decir que se mostró más receptiva, o al menos me dio esa impresión: me miraba cuando le hablaba e incluso asentía con la cabeza. Le pedí que viera a una amiga psicóloga del Instituto Andaluz de la Mujer y hablara con ella. "Solo una ocasión, ¿lo harías por mí?". Contestó que sí. Con eso me bastó por el momento.
Ayer me llamó la coordinadora del IAM para decirme que todavía Amparo no había accedido a acudir a ninguna cita. Paso a paso, no podemos querer que todo se resuelva en un plis plas. Con la orden de protección en vigor, tendremos que estar atentos a posibles quebrantamientos y actuar si la situación lo requiere. Al menos le hemos dado la oportunidad de ver la salida y eso nos hace muy felices. O mejor dicho, su madre y sus amigas - en definitiva, sus seres queridos - le han tendido la mano para ayudarla. El apoyo externo es fundamental en esto de la violencia de género. No lo olvidéis.

P.D.: todos los datos (nombres, fechas...) que empleo son ficticios y la situación en sí se encuentra novelada y adaptada. Las razones son obvias.

miércoles, 18 de julio de 2018

Relato para la revista POLICÍA

Era una mañana primaveral de miércoles cuando sonó mi teléfono. Sin esperarlo, en la creencia de que esa llamada pasaría al cajón de la rutina, como ocurre con la mayoría, contesté con el habitual: “UFAM Investigación, buenos días”. Al otro lado había un compañero de una ODAC de Distrito, quien me transmitía que un ciudadano había presenciado un presunto episodio violento de pareja y deseaba denunciarlo. Le indiqué que lo derivara a nuestra Unidad de inmediato.

Este señor, a quien me dirigiré por el nombre de Ángel (pronto descubriréis el porqué), llegó a mi oficina sobre las 15:30. Era, de hecho, su descanso para almorzar en el trabajo. Visiblemente inquieto, extrajo su teléfono del bolsillo y me dijo que quería enseñarme una grabación. Si os digo que su cara era un poema no estaría exagerando lo más mínimo. Me acerqué a él para poder ver con claridad lo que tenía que mostrarme. El vídeo, de algo más de un minuto de duración, no dejaba lugar a la interpretación. Estaba grabado desde el interior de un vehículo que se encontraba parado en lo que parecía una suerte de atasco. En el interior del coche que se encontraba justamente delante, de repente, se inicia una agresión. Un varón, a los mandos, comienza a gesticular de manera violenta con sus brazos, mientras dirige su mirada al asiento del copiloto, donde viajaba una mujer. La discusión inicial se tornó instantes después en un ataque físico. En un intento desesperado de repeler la embestida, ella se cubría con sus brazos y se inclinaba hacia atrás hasta que su cuerpo chocó con la puerta del vehículo. En cuestión de segundos se sucedieron numerosos golpes que impactaron en el cuerpo de la mujer. La virulencia del acometimiento saltaba a la vista, te erizaba el vello corporal.

Me dirigí a Ángel para decirle: “Mire, todo apunta a que estamos ante un ataque con tintes machistas. Usted es testigo directo de los hechos, además de poder aportar un documento gráfico que los recoge y, por tanto, de gran valor para la investigación. Para velar por su seguridad y mantenerlo en el anonimato, existe la figura del testigo protegido. Con ella su nombre no aparecerá en ninguna parte; el agresor jamás sabrá que es usted la persona que ha denunciado”. Él, en un intento de interiorizar toda la información que acababa de recibir, me preguntó: “No sé, ¿qué haría usted en mi lugar? Quiero ayudar”. Mi respuesta sería algo como: “El simple gesto de venir hasta aquí, en su único rato de esparcimiento diario, me dice que es usted una persona implicada y a quien le preocupa esta lacra social. ¿Si la mujer del vehículo fuera su hermana, o su madre, querría que la ayudaran?”. Me dio un sí rotundo y formalizamos la denuncia. Antes de irse le di las gracias de nuevo por el ejemplo de ciudadanía que había demostrado, algo poco habitual en estos tiempos que corren, además de indicarle que lo llamaría para acompañarlo a declarar al Juzgado.

Ya solo en el despacho, volví a reproducir el vídeo y anoté en un papel la placa de matrícula del vehículo en cuyo interior se desarrollaba la agresión, presuntamente machista. Estaba a nombre de una mujer, de edad similar a la que se podía inferir en las imágenes. Le asigné el caso a uno de mis Policías.

Entrada la tarde, cuando me encontraba en el parque con mi pequeñín, recibí su llamada en mi teléfono. Me indicaba que la señora estaba casada, que tenía dos hijos menores y vivía en un lugar muy próximo a donde se grabó el documento gráfico. Me propuso lo siguiente: “La citamos para que venga a Comisaría con el pretexto del vehículo. Una vez aquí, le preguntamos por el coche, por quién suele ser el conductor habitual y quién iba al volante esa mañana. Luego le mostramos el vídeo y le leemos la dispensa de la obligación de denunciar”. La estrategia era una maravilla y así se lo hice saber.

A la mañana siguiente vino la mujer. Confirmó que el coche estaba a su nombre pero que lo conducía su marido y que esa mañana venían de dejar a los niños en el Colegio. Se le mostró el vídeo y se quedó perpleja. Lo negó todo, lo defendió, justificó la conducta. Como era de esperar decidió no declarar en su contra.
A estas alturas, siendo un delito perseguible de oficio, esto no nos iba a parar los pies. Lo detuvimos y lo pusimos a disposición del JVSM a la mañana siguiente. Ángel se ratificó en la declaración prestada en Sede Policial y, ¿sabéis que ocurrió? Se dictó sentencia condenatoria de conformidad. 4 meses de alejamiento e incomunicación, incluso sin mediar la declaración de la víctima. ¿Hicimos bien? No me cabe duda de ello. A ella, que tiene una venda en los ojos y no se reconoce como mujer maltratada, le hemos dado una oportunidad de lujo para apartarse un tiempo de él y recapacitar. La labor del Protector, en este período, será fundamental de mostrarle el camino.

Gracias a un Ángel, nuestro Ángel, esta mujer tiene en su mano encontrar la salida. Gracias a este ciudadano modelo, esta mujer podría hallar la felicidad. Gracias Ángel.


sábado, 7 de julio de 2018

Mi abuelito


Pedro contaba con 27 primaveras. La fatídica llamada llegaría instantes después de almorzar, un frío día de febrero en la ciudad de Ávila. Su madre le revelaba una noticia que sería difícil de digerir; una partida que dejaba tras de sí recuerdos y experiencias inolvidables. Fue amistad verdadera, amor sin condiciones forjado en torno a una pasión común: el deporte rey.

Todo empezó cuando Pedro tan solo contaba con 4 años. Aquel caluroso mes de junio su abuelo, Adolfo, le contagió esa maravillosa afición. El equipo de su ciudad natal (el Córdoba C.F.) militaba por entonces en 2ªB del fútbol español. Se jugaba el ascenso a la división de plata en un grupo, a priori, complicado. De hecho la prensa local lo bautizó como “el grupo de la muerte”.

Una tarde, al salir del colegio, Pedro se llevó una grata sorpresa. Su “abuelito” (como él cariñosamente se dirigía a Adolfo) había venido a recogerlo y sujetaba en su mano derecha dos entradas para ver el primer encuentro de la liguilla de promoción. El Córdoba jugaba contra un equipo con nombre algo extravagante, un tal Barakaldo. Según le explicó su “abuelito” era un equipo del norte muy compacto y, en definitiva, duro de roer.

La experiencia que estaba a punto de vivir marcaría para siempre su futuro. Todo ocurrió en la grada de Preferencia, a pleno sol, rodeado de multitud de aficionados y aficionadas que vitoreaban cada jugada de su equipo. Oír al público rugir durante 90 minutos y, sobre todo, compartirlo con su “abuelito” fue una vivencia extraordinaria. El Córdoba perdió 0-2 ese día pero el resultado era lo de menos.

Esa noche Pedro no pegó ojo. Por su cabeza pasaban tantas emociones que era imposible relajarse. Mañana hablaré con papá para que me apunte a la escuela de fútbol del barrio. Voy a ser futbolista.” Bien entrada la madrugada, vencido por el cansancio, se durmió con una sonrisa dibujada en su cara. Estaba feliz.

La mañana siguiente, como no podía ser de otra forma, llevó a término su intención. Su padre, por su parte, la recibió con gran agrado - Esta tarde, después del cole, iremos a la escuela a apuntarte - A lo que Pedro respondió, preocupado - Pero si no tengo equipación ni zapatillas... - La réplica no se hizo esperar, revestida de su característico tono conciliador - Las tendrás, ya verás - No hicieron falta más palabras. Pedro agarró su mochila, besó a su papá en la mejilla y salió de casa riendo a carcajadas y dando pequeños “saltitos”.

Primero fue la escuela; luego el equipo de un pueblo cercano donde, de la mano de un curtido entrenador (a quien todos conocían como “El Puskas”), aprendió los valores que se esconden detrás de este fantástico deporte; para de allí pasar al conjunto donde llegaría a la madurez futbolística, un club con peso a nivel autonómico. En cada etapa, en cada paso que daba, estuvo presente su “abuelito”. Adolfo lo acompañaba incluso a los entrenamientos, que tenían lugar entre semana, primero después del colegio y más tarde del instituto.

Fuera de los terrenos de juego, en el calor del hogar, Pedro y Adolfo se juntaban cada fin de semana para ver a su Córdoba y al Real Madrid. Los partidos se extendían más allá del pitido final, con tertulias interminables. El vínculo entre ambos, desde aquel caluroso día a la salida del colegio cuando el Córdoba se enfrentaba a ese equipo de nombre impronunciable, no dejó de alimentarse y crecer en ningún momento.

Todo lo que Pedro es en la actualidad se lo debe a su “abuelito” y al fútbol: amigos que, tras años sin contacto, continúan siendo como de la familia; el significado del esfuerzo y el sacrificio, de trabajar en equipo para llegar más lejos; además del magnífico valor del deporte, de la importancia de cuidar la salud a través del ejercicio físico. Son solo algunos de los aprendizajes que el fútbol y, por supuesto, su “abuelito” le brindarían.

Pedro no llegó a ser futbolista profesional – solo unos cuantos lo consiguen -, sin embargo, disfrutó de cada momento, de cada pase, de cada tertulia. En definitiva, de la amistad verdadera. Y es que el fútbol es capaz de conseguir todo esto. Es capaz de llegar a lo más profundo de los corazones para instalarse de forma indefinida. Es capaz de unir a las personas con lazos tan bien anudados que serán imposibles de romper.

La última conversación con su “abuelito” jamás la olvidará.

- ¿Qué tal estás? ¿comiste bien? - Pedro preguntó.

- Sí cariño - dijo Adolfo, con voz entrecortada  - ¿Cuándo vendrás?

- El viernes estaré allí. No te olvides que el sábado tenemos un partido decisivo.

- ¡Cómo iba a olvidarlo! Por cierto, ¿cómo quedásteis en ese amistoso contra el Ávila? - Su "abuelito" parecía estar más lúcido que días atrás.

- Empatamos. No habíamos entrenado lo suficiente, faltaba unión - replicó Pedro, sin ahondar en los detalles.

- El estar compenetrados lo es todo, en el fútbol y en la vida. ¿Disfrutaste?

- Mucho abuelito.

- Eso es lo realmente importante.

Pedro echó un vistazo a la foto de los dos en su mesilla de noche.
- No olvides que te quiero mucho. Cuídate para que te dé un buen achuchón el viernes.

- Así lo haré cariño. Hasta el viernes - contestó Adolfo.

- Hasta el viernes.

Estos escasos tres minutos de charla, a través de un teléfono y a más de 500 kilómetros de distancia, serían las últimas palabras que ambos intercambiarían. Lo siguiente ya lo conocéis.
Tres días después de su marcha Pedro regresó a Ávila. El deber llamaba, la vida seguía sin detenerse. A pesar del dolor de la despedida, siempre estará agradecido de haber disfrutado de su “abuelito” durante 27 años, de haber vivido instantes tan intensos junto a él. Cada vez que vea un partido en televisión o eche una “pachanga” con sus amigos sonreirá. Su “abuelito” estará presente.



domingo, 10 de junio de 2018

El creciente impulso del feminismo

Este movimiento, estaréis de acuerdo conmigo, se ha puesto de moda en los últimos tiempos. Más que un movimiento, a mi personalmente me gusta referirme al feminismo como una teoría, una manera de pensar y actuar que nos define. Pero, ¿Qué es realmente? Es una forma de vida; es la búsqueda activa de la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres; es condenar la discriminación por razón de género; es el fomento del respeto, de la corresponsabilidad.
Esta definición me la podéis atribuir en calidad de autor, es original y espontánea de principio a fin. Me limité a plasmar en el papel mis pensamientos, conforme iban apareciendo, simple y llamamente. Espero que cumpla con vuestras expectativas. "Vale Álvaro, puesto así como tú lo pintas, ¿solo puede ser positivo y beneficioso?" Absolutamente. No se me ocurre ni una sola característica de tintes negativos que pueda, de alguna manera, quedar vinculada al feminismo.
Visto de esta forma parece hasta sencillo. Es más, quien no se considere feminista, desde este preciso instante, ha de quedar catalogado de machista. Sin derecho a tambor ni a un juicio justo; por no promover la no discriminación. Ojalá fuera así de fácil...
Resulta que hace unos días estuve dando una charla al APA y parte del profesorado de un colegio. La temática, por supuesto, incluyó la violencia de género, su problemática en edades adolescentes y las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Siempre me gusta, al inicio de mis conferencias, romper el hielo con algunas preguntas y una breve proyección de vídeo. Ese día elegí, como casi siempre, empezar con: ¿Cuántos/as de vosotros/as os consideráis feministas? Así, en frío.  Les pedí que levantaran las manos en señal de afirmación. De unas 40 personas con las que contaba entre el público asistente, solo 3 ó 4 alzaron uno de sus miembros superiores. Entre esta minoría, estaba mi mujer. Decidí levantar yo también la mía, a ver si así la influencia del "especialista" inclinaba la balanza del lado de la igualdad. Cuál fue mi sorpresa cuando solo 2 ó 3 más se animaron a seguirme. Y, todo sea dicho, solo mujeres.
La siguiente pregunta que planteé no podía ser otra que: ¿Alguien de los aquí presentes se atreve a definir el término feminismo? Un señor de unos cuarenta años, muy decidido él, llamó mi atención y sin dudarlo ni un momento le di la palabra. A grandes rasgos vino a decir algo así como: "Sí, el feminismo es parecido a lo que vemos estos días en televisión. Mujeres radicales que reclaman poder a golpe de insulto, griterio y quejas varias. Desde lo de la Manada se ha agravado". Varios y varias en la sala emitieron sonidos de conformidad, de aceptación. Ahora sí estaba en mi salsa.
Tenía un buen toro de lidia por delante, eso sí es cierto. Sin embargo, todavía no he tenido el placer de conocer personalmente al miedo. No es algo que me preocupe, ni mucho menos. Retomé las riendas del coloquio, expliqué conceptos con una buena dosis de cariño y respeto (solo así calan las enseñanzas). A pesar de la esperada polémica y algún que otro debate esperado, tuve éxito. Conseguí convencerlos de que la igualdad era de justicia; de que el feminismo era algo positivo, necesario. Esa visión planteada en los primeros compases no podía atender a otra razón que no fuera un intento del patriarcado de mantener sus privilegios. Una defensa a lo "gato panza arriba". La tarde fue muy agradable y amena, con el público muy participativo en todo momento. Un deleite.
Aun así, de camino a casa reflexioné sobre lo ocurrido. Los que me conocéis sabéis que en mis argumentos nuncan faltan ciertos elementos, a mi juicio, esenciales en el debate feminista. El primer argumento que suelo esgrimir es la necesaria implicación del varón en esta contienda. Una participación de respaldo, de apoyo, pues es la mujer la que reclama el protagonismo y por tanto, debe llevar la voz cantante. Si queremos convencer a la otra mitad de la humanidad (al caso, la mía) de que la igualdad en todos los frentes es de justicia, tenemos que implicarlos. No solo eso, hemos de convencerlos. No nos queda otra opción.
El segundo argumento es de sentido común y conocimiento universal: si queremos algo lo pedimos por favor, recurrimos al diálogo desde la cordura. Lo hacemos una vez, lo hacemos dos veces y si a la tercera no se nos escucha nos "echamos a la calle". Por supuesto, de forma pacífica. El 8M supuso un giro de 180º en nuestra causa. Ya lo decía al principio: el feminismo se ha puesto de moda.