UN SÁBADO CUALQUIERA EN CÓRDOBA

UN SÁBADO CUALQUIERA EN CÓRDOBA
UNA DE BUENOS AMIGOS

jueves, 14 de febrero de 2019

Aliados por la igualdad

El domingo puse el foco en ellas: todas esas supervivientes que inspiran y se erigen en ejemplo de superación. Hoy, si me lo permitís, os hablaré de aquello que sucede entre bambalinas, fuera de los ojos atentos del público general.

Estas mujeres tienen, cuando se deciden por la vía penal, el apoyo incondicional de muchas personas. Entre estas, por supuesto, se encuentra la Policía Nacional. Voy a barrer para casa - por algo a este espacio lo bauticé "El pequeño rincón de Álvaro" -. Y es que gran parte de la culpa de la supervivencia de muchas valientes la tenemos nosotros (y vosotras, mis queridas compañeras).

Las Unidades de Familia y Mujer llevan desde 2015 prestando una atención integral y especializada a víctimas de violencia de género. Para que no haya confusiones, conviene puntualizar que desde estos equipos también se investigan conductas penales incluidas en el ámbito doméstico o familiar - entre las que se encuadran los casos en los que la mujer aparece como sujeto activo del delito -; y aquellas que afectan a la libertad e indemnidad sexual. En este último apartado las víctimas son mujeres en un elevadísimo porcentaje. Todo hay que decirlo.

Contaba que sobre la Policía podemos depositar un buen pellizco de responsabilidad en materia de auxilio y protección de mujeres maltratadas. Porque, al fin y al cabo, las Fuerzas de Seguridad han de avanzar al compás de la ciudadanía: en la actualidad, huelga recordarlo, la igualdad está de moda. Así las cosas, toca posicionarse en el extremo opuesto al machismo; abogar por la especialización y la concienciación de los especialistas policiales; crear una red de ayuda a las víctimas en la que la coordinación interinstitucional ocupe un lugar central.

Pero no solo de represión vive la política criminal. Para que el cambio pueda ser una realidad, la mayor parte de los esfuerzos han de recaer en otro ámbito: el de la prevención. Que conste que no me refiero a la presencia policial en las calles - por cierto, necesaria en la evitación de conductas criminales -, aquí pretendo poner el acento en el campo de la educación. ¿La Policía trabaja el aspecto educacional? Por supuesto, además de la concienciación social. Nos podéis encontrar en centros educativos, en A.M.P.A.s, en mesas redondas multidisciplinares, en jornadas de formación... Porque, como apuntaba, el castigo no nos conducirá a la meta.

Así las cosas, seguiremos del lado de quienes más lo necesitan: las víctimas. Por ellas.





sábado, 9 de febrero de 2019

Un halo de esperanza

"La vida se compone de pequeños momentos." Así concluía su intervención otro de los autores premiados, cuyo nombre no alcanzo ahora a recordar. Pero esto, al caso, es lo de menos. A mí lo que realmente me caló fue el mensaje: la vida es una suma de vivencias. Unas malas; otras que pasan desapercibidas; algunas regulares; y otras, simple y llanamente, maravillosas.

El pasado viernes mi libro (La lucha contra la violencia de género: vivencias de un Policía) era elegido como el mejor del 2018 de la categoría "superación", en la V gala de los premios editorial Círculo Rojo. Esto, por cierto, también ha de ser tomado como un dato circunstancial. Permitirme que me explique: este reconocimiento se lo debo a ellas y solo a ellas. Ellas, en exclusiva, son la razón de mi inspiración. Ellas, y nadie más, traen un halo de esperanza a muchas mujeres que sufren, que se encuentran perdidas. Porque, no lo olvidéis, la vida se compone de momentos y su supervivencia me dejó una huella imborrable.

A este respecto, también debo deciros que vivimos en un mundo donde "vende" la tragedia. Pareciera que ansiamos conocer los detalles sobre la desgracia ajena. Solo tenéis que sintonizar cualquier cadena televisiva, a las 15 horas exactamente, para comprobar mi teoría. Asesinatos, accidentes, peleas, catástrofes; y así podría seguir hasta llenar un par de páginas.

Por este motivo, precisamente, son tan importantes los finales felices. Se hace fundamental contrarrestar tanta negatividad y desesperación para poder creer que un mundo mejor es posible. De la violencia de género se puede salir, indudablemente. Ellas lo demostraron - me refiero a mis 6 valientes y a un sinfín de mujeres más -. Con su ejemplo prueban que hay luz al final del túnel y, por qué no, que existe la ilusión de una vida mejor.

Desde aquí os pido que no dejéis nunca de buscar historias positivas. Solo así podremos aspirar a plantar cara al maltrato con opciones de victoria. Gracias de todo corazón.


jueves, 7 de febrero de 2019

Un comienzo de año negro

Siete. Un número que bien podría significar un magnífico rendimiento en un examen, en este caso concreto, apunta en una dirección muy distinta. Siete son las mujeres presuntamente asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas en lo que va de 2019. Un total de siete víctimas mortales en escasos 50 días. Escalofriante, ¿no creéis?

Desde 2003, año en que se comienza a contabilizar la cifra de la vergüenza (como alguien, acertadamente por cierto, tuvo a bien bautizarla), son ya 982 nombres de mujeres los que engrosan esta maldita lista. Para que os hagáis una idea del alcance de la violencia de género: la banda terrorista ETA dejó un legado mortal de 853 personas. Se trata, a la vista de los hechos, de una lacra de alcance social.

Pero lo más preocupante de todo - al menos, a mi juicio - es que en 6 de los casos no existían denuncias previas. Lo repito, para que cale: no existían denuncias previas. La repetición la baso en que, todavía, se siguen leyendo titulares de tipo: "ninguna víctima había denunciado; las 6 mujeres no habían presentado denuncia; etc." Hace escasos días lo tuiteaba en mi perfil: el lenguaje es importante y, si depositamos la responsabilidad de la denuncia en ellas, por un lado podríamos dar a entender que indirectamente las culpamos de lo ocurrido y, por otro, no menos importante, transmitimos a la sociedad en general que el peso de pedir ayuda recae en ellas, exclusivamente. No olvidemos que la culpa exclusiva ha de recaer sobre el maltratador. Siempre, sin excepciones.

Para aquellos y aquellas que penséis que exagero, o incluso que carezco de razón, os daré algunas cifras de interés al respecto: en 2017 solo el 2'25% de las denuncias fueron iniciadas por el entorno de la víctima. Me refiero a familiares, amistades, vecinos y vecinas. Voy más allá, si me lo permitís: de 2018 conocemos las cifras de los tres primeros trimestres y el porcentaje ha descendido a un 1'4%. Datos, sin duda, desalentadores.

¿Qué explicación hay para esta suerte de silencio? ¿Por qué seguimos mirando para otro lado? Históricamente se ha esgrimido la creencia de que los problemas de pareja son de índole privado. Eso de "los trapos sucios se lavan en casa". Al machismo le conviene mantener el statu quo: las probabilidades de que un agresor sea descubierto descienden si se consigue que el apoyo externo nunca llegue. En relación a este hilo argumental recuerdo como un chico de 16 años, al término de una charla en instituto, se me acercó para compartir conmigo una experiencia personal. Contaba que sus vecinos de abajo discutían con habitualidad. Incluso puntualizaba que en alguna ocasión había escuchado gritos de la mujer pidiendo auxilio y ruidos que podrían corresponderse con la rotura de enseres domésticos - muebles, vasos, etc -. En uno de esos incidentes le preguntó a su padre si debían llamar a la Guardia Civil. La respuesta de su progenitor fue taxativa: "No te metas. Son asuntos de pareja." Yo, en línea con mis convicciones, no pude evitar pedirle que la próxima vez que ocurra un episodio parecido marque el 062 o el 112, dé cuenta de los hechos y no le diga absolutamente nada a su padre. Tal vez me metiera donde no me llaman, pero no pude evitarlo. Lo hice pensando en ella.

En definitiva, falta conciencia social "por un tubo". No podemos seguir instalados en esta cómoda complicidad, bajo una especie de anestesia que nos impide implicarnos de lleno, levantar la voz de una vez por todas. Es momento de decir basta; toca salir de la zona de confort y dar la cara para proteger a estas mujeres que sufren violencia, día sí, día también; a manos de quienes debieran amarlas y respetarlas. Desde aquí os pido implicación: esta feroz batalla contra el machismo solo puede ser ganada con la participación de la sociedad en su conjunto. No lo hagáis por mí, hacedlo por ellas.

Imagen extraída de la web navarra.es

sábado, 24 de noviembre de 2018

¡ALCEMOS LA VOZ!


Decía alguien en Twitter hace unos días: “De la violencia machista no siempre se sale. Hay demasiadas asesinadas. Ellas ya no tienen vida, no tienen voz.” No sé a vosotras y vosotros, pero a mí este comentario me eriza todo el vello del cuerpo. Y es que las cifras hablan por sí solas: 972 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas desde 2003; una denuncia en España por violación cada 8 horas; en torno a 5 millones de mujeres son tratadas cada año en el mundo con fines de explotación sexual (1 de cada 4 son menores de 18 años); y así un largo etcétera. Desalentador, ¿verdad?

Hoy, 25 de noviembre, se celebra el día internacional contra todas las formas de violencia sobre la mujer. Hoy, en todo el mundo, las mujeres alzan la voz para que se las oiga y para reclamar lo que les pertenece: vivir en paz, ser respetadas, no ser violentadas por el simple hecho de no haber nacido hombres. Lo ideal, sin duda, sería no tener que dedicar una jornada al año para exigir algo que es de justicia. Pero eso es todavía y por desgracia, una utopía.

Como hombre, aprovecharé estas líneas para dirigirme a los de mi sexo: toca posicionarse; es momento de salir de la comodidad que otorga el silencio cómplice. Hoy, más que nunca, echaros a la calle a acompañar a las mujeres. Gritar fuerte a su lado, secundar su justa causa. Ha llegado la hora de quitarnos el disfraz de privilegios. Toca dar un paso al frente para unirnos a la reivindicación. Nosotros y ellas, ellas y nosotros.

Alcemos la voz por aquellas a las que el machismo calló. Alcemos la voz para condenar toda forma de violencia sobre la mujer, incluida la prostitución. Alcemos la voz hoy, mañana y siempre. Un día al año no es suficiente para conseguir el ansiado cambio. ¡Por la igualdad real y el fin de la violencia machista!


Imagen extraída de http://espaciopopular.com/25-de-noviembre-dia-internacional-de-la-eliminacion-de-la-violencia-contra-la-mujer/

viernes, 23 de noviembre de 2018

Microrrelato: MIS ÁNGELES DE LA GUARDA


- "Te juro que te mato." Dijo, a voz en grito.

José estaba fuera de sí. Desde su posición - parapetada detrás de la mesa del salón -, María pudo ver cómo se adentraba en la cocina, con paso decidido. Oyó el sonido del cajón e inmediatamente después, el roce del metal.
- "Por favor, José." El llanto ahogó cada palabra. Solo pensaba en su hijo, a quien abrazaba con tanta fuerza que temía hacerle daño.
A los pocos segundos, su marido entró en el salón, cuchillo en mano. Y entonces todo cambió.
- "¡Policía! Abran la puerta."
Había esperanza.



sábado, 17 de noviembre de 2018

El machismo no descansa


El machismo no descansa. No conoce de períodos vacacionales, ni mucho menos de fines de semana en los que desconectar. No tiene en cuenta circunstancias espaciotemporales: cuando llega la hora de pasar a la acción, sencillamente actúa.

El pasado viernes, mientras la mayoría de la sociedad se disponía a plegar velas, él entró en escena. El lugar elegido: Palma de Mallorca; su víctima: Sacramento Roca. Esta mujer de 36 años, española; se encontraba en su lugar de trabajo, posiblemente con la vista también puesta en los planes de ocio que la aguardaban al finalizar su turno. La diferencia con el resto de nosotros es que ella nunca podrá llevarlos a cabo.

El presunto culpable de haber puesto fin a sus días antes de tiempo fue su expareja, Rafael Pantoja. Varón de 45 años, español, vigilante de seguridad de profesión. Él decidió que era el momento de acabar con la vida de Sacramento. ¿La explicación? El machismo no pregunta, simplemente golpea.

Según se desprende de las informaciones que han trascendido a los medios, el supuesto homicida o, incluso, asesino (a la vista de los hechos podría darse la alevosía en su conducta); no había aceptado una reciente ruptura. La seguía queriendo, no estaba dispuesto a pasar página así como así. Se lo hizo saber en numerosas ocasiones – tanto a través del teléfono, como presentándose inopinadamente en la tienda donde Sacramento trabajaba -. Sus firmes negativas a retomar la relación, presuntamente, hicieron que Pantoja pasara al plan B: ella había denunciado días atrás que alguien había pinchado las ruedas de su coche, además de la aparición de carteles en los que figuraba su número de teléfono junto al ofrecimiento de contactos sexuales. Por supuesto sospechaba de él. Yo, también.

Los machistas, que no son más que el brazo ejecutor del machismo, creen con convicción que ellas les pertenecen. Sacramento era suya, y de nadie más. No concebía una vida sin ella a su lado. Esto, llevado al extremo, se traduce en una agresión mortal. En el caso que nos ocupa el ataque llegó por la espalda: la cobardía como sello de identidad de esta maldita lacra.

Sacramento es la víctima 44 de este año y la 972 desde 2003. No podemos bajar la guardia ni un momento; en esta lucha sin cuartel, la relajación no tiene cabida. Porque él no descansa. Porque él es capaz de llevar el conflicto hasta las últimas consecuencias. Porque ellas se merecen vivir en paz de una vez por todas.



jueves, 27 de septiembre de 2018

El cambio recae en la educación

En esta trágica semana es más necesario que nunca sentarse a hacer balance. ¿Se podrían haber evitado los 5 asesinatos?, ¿qué ha fallado?, ¿por qué no se ha protegido convenientemente a estas mujeres? En todos los casos, sin excepción, habían acudido a las instituciones en busca de ayuda que, a la vista de los fatales desenlaces, no surtió el efecto deseado.
Son ya numerosos los artículos en prensa que desgranan - o al menos lo intentan - los fallos del sistema. También hemos tenido acceso a varias publicaciones que en unos casos "culpan" a la Jueza de Castellón; en otros a la Fiscalía; y, para no dejarse a nadie en el tintero, los hay que apuntan con el dedo a la Policía (Leí uno en concreto que recogía las manifestaciones del Delegado del Gobierno de la Comunidad Valenciana, en las que desvelaba posibles errores en la valoración policial del riesgo).
Como no podría ser de otra manera en la era post-tecnológica, a modo de complemento a la información recibida por los medios de comunicación, me he topado con todo un arsenal de reacciones en redes sociales - reacciones a título individual -. Unas hablan de justicia patriarcal; otras de desprotección total; incluso algunas hacen referencia a una supuesta violencia institucional. Las hay para todos los gustos.
Partiendo de la premisa de que el asesinato de una mujer a manos del maldito machismo - que previamente había acudido a la Administración en demanda de auxilio - ha de ser considerado un fracaso institucional; intentaré, de forma breve y escueta, exponer algunos pensamientos e ideas que estos tristes días me rondan la cabeza.
PRIMERO.- Empezaré, por su cercanía temporal, por Manuela. Esta mujer, vecina del Morche - yo vivo a escasos 10 kilómetros del lugar -, fue acuchillada mortalmente por su pareja en su domicilio en el día de ayer. Víctima y agresor, a pesar de existir orden de alejamiento en vigor, habían retomado la convivencia. 
Esto no es poco habitual, en absoluto. El vínculo emocional que une a la mujer a su maltratador es difícil de romper y se necesita un trabajo psicológico-asistencial paralelo al proceso penal. Por supuesto, la situación dificulta el seguimiento de la protección por parte de la Policía. Pregunta: ¿Una "pulsera" habría evitado que volvieran a convivir? Sí. Sin embargo, el medio telemático está reservado para casos cuyas características - de gravedad, entre otras - lo requieran. Aunque no lo creáis tiene sus contras: la mujer está constantemente en situación de alerta; cuando el dispositivo "pita", os podéis imaginar el miedo que pueden llegar a sufrir (en muchas ocasiones los saltos de alarma son fortuitos); genera ansiedad, desasosiego... No todo es positivo.
A mí, si os soy completamente sincero, lo que más me sorprende son las declaraciones de vecinos que he leído en la prensa: "aseguran que tenían una relación muy tormentosa; era frecuente verla discutir en público con su pareja; aunque no podía estar sin él..." (la negrita va con toda la intención del mundo, que quede claro). ¡Ah! Que esto venía de largo y su entorno más cercano lo sabía. Me atrevo incluso a afirmar que conocían de la existencia de la medida cautelar, fijaos. Esto tiene un nombre: anestesia social.
No pasa nada, miramos para otro lado y ya está. Si "son cosas de pareja" y además ella asegura que no puede estar sin él... ¿Qué falla entonces? Muchas cosas, sin duda. Pero el error de mayores dimensiones recae sobre la ciudadanía; sobre la sociedad en su conjunto. Mientras se siga mirando para otro lado, el machismo seguirá campando a sus anchas.
SEGUNDO Y ÚLTIMO.- El terrible asesinato de las niñas de Castellón. Aquí los fallos han sido múltiples, sobre eso no hay discusión posible. Yo, por mi parte, optaré por analizar un par de cuestiones.
La primera será en torno a la falta de Unidades de Valoración Forense adscritas a los Juzgados de Violencia sobre la Mujer. Se necesita - con urgencia - que se establezcan en todas partes y comiencen a desplegar sus funciones (sobre todo cuando hay niños y niñas de por medio). Para los que no sepáis qué son, os diré que se trata de equipos multidisciplinares compuestos por un/a médico forense, un/a psicólogo/a y un/a trabajador/a social. Sus valoraciones de todos los intervinientes (víctima, agresor, menores, entorno familiar...) serían el complemento perfecto a las valoraciones policiales de riesgo. Porque, pregunto: ¿alguien ha hecho un seguimiento al varón?, ¿se le ha valorado psicológicamente?, ¿sabemos si ese señor estaba en condiciones de cuidar a sus hijas?, ¿alguien ha explorado a la niña mayor? He leído que era consciente de la situación. Incluso en una ocasión llegó a coger a su hermana - de 1 año por aquel entonces - para protegerla de su propio padre. Él, según la información a la que he tenido acceso, comenzó a romper enseres en el salón de manera violenta. Son solo algunas de las preguntas que me asaltan y que comparto con vosotros/as.
La segunda y última cuestión recae sobre el agresor y su entorno. No podemos perderlo de vista. Al respecto también recuerdo haber leído en prensa que un amigo declaró a los periodistas que estaba viviendo una situación límite. Cuentas intervenidas, un despido reciente sobrevenido, riesgo de embargo de su vivienda... Además, por si fuera poco, achacaba todo esto a su ex-mujer. Decía algo del estilo: "me ha dejado sin un duro, esto es todo por su culpa". ¿A este supuesto amigo no se le ocurrió pedir ayuda? Otra dosis de anestesia social.
En definitiva, la Policía y la Justicia intervienen una vez el conflicto se ha generado, es decir, acudimos para reprimir al autor y auxiliar a la víctima. Con los recursos y la formación a nuestro alcance - ambas, a todas luces, escasas - hacemos todo lo que está en nuestra mano y un poquito más, si cabe. Como humanos que somos erramos, eso es de cajón.
Sin embargo, la base del problema radica en los cimientos de la sociedad y lleva por nombre patriarcado. La educación es la llave que abre la puerta de la igualdad, que a su vez podría conducir a la erradicación de esta violencia estructural. Mientras sigamos creyendo - como escribió de manera magistral Miguel Lorente hace unos días - que un maltratador puede "querer a sus hijos y ser un buen padre", el machismo seguirá desplegando sus conductas de agresión contra las mujeres. Por el simple hecho de ser eso, mujeres. Mientras sigamos pensando que lo que ocurre en la pareja son cosas de pareja, seguiremos llorando a nuestras amigas, vecinas y familiares. Es una lacra social y urgen acciones. No miremos para otro lado. Actuemos.